¡VIVA LA TORTILLA!

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

Una tortilla de patata buena es un manjar insuperable. Tiene que ver con todo. Con el comer y con el vivir, que son la misma cosa a pesar de los pesares. La tortilla tiene tantos significados en nuestro imaginario gastronómico que está irremediablemente unida a los recuerdos, a la forma de ser, a los amigos y al disfrute máximo. Te la comes con hambre y la puedes recordar mucho tiempo. Te la comes sin hambre porque te han dicho que en tal o en cual sitio la bordan, que hacen lírica con huevos, patatas, sal, aceite y si se desea con cebolla. Precisamente éste es uno de los puntos culminantes de cualquier debate que se genere alrededor de una tortilla: la presencia o la ausencia de la cebolla. Hay personajes intransigentes en ambos bandos, aunque por mi personal experiencia, me he dado cuenta de que los, digamos, cebollistas (cebollitas también me vale) son más maximalistas que los del otro 'côté', que siempre me han parecido más reservados a la hora de imponer sus doctrinas. Existe como un sentimiento de inferioridad porque nadie en su sano juicio pretende objetar a algo tan maravilloso como es la cebolla. Pero claro, no siempre... Sin embargo, creo que es más pura la tortilla de patatas sin cebolla.

Me gustan ambas versiones, ojo... Pero cuando te lanzas al pincho desnudo con esa trilogía sagrada de la patata, el huevo y el aceite; el puro sabor de la patata, del huevo en su punto y el aceite impregnándolo todo perfectamente sin sacudir, sin sudoraciones extremas, el placer es absoluto. Pero también me gusta con cebolla, la justa, sin que se apodere. Y ésta es una cuestión primordial porque conseguir el objetivo del perfecto equilibrio no es tarea nada fácil ni está al alcance de cualquiera. Y luego la patata, nueva, sedosa, franca y tersa. Hecha pero no distorsionada, suave pero no feble. Parece la tortilla algo sencillo y lo es. Pero no es simple; en su alma gravita un punto de complejidad que también tiene que ver con la presencia exacta de la sal. El único compuesto inorgánico de esta ecuación de sabores que en ocasiones es el que determina la perfección del conjunto definitivo para darnos cuenta de que estamos ante una gran obra. El Concurso de Tortillas de Degusta, que este año se abre a toda La Rioja, es una maravillosa oportunidad para los locales de la región de demostrar su pericia, su saber hacer y cómo pueden hacernos la vida más feliz.