Los vinos parcelarios de Vallobera exhiben su vinculación a la tierra de donde nacen. / L.R.

Cuando el viñedo ofrece singularidad

Bodegas Vallobera. Los vinos parcelarios de la firma 'embotellan' el carácter de cada hectárea de vid

César Álvarez
CÉSAR ÁLVAREZ

Bodegas Vallobera siempre ha otorgado el máximo protagonismo a la tierra. El origen de sus vinos está en el campo, en cada una de las hectáreas de viñedo en las que están arraigadas las cepas, por eso, ha apostado por el vino parcelario como uno de los emblemas de la bodega.

En el vino parcelario, el carácter de la tierra llega a la botella en su máxima expresión. Eso sí, se trata de un vino que experimenta como ningún otro el 'efecto añada' porque como explica Fernando Pinto, segundo enólogo de Bodegas Vallobera: «Cuando se hacen volúmenes grandes, como es el caso de los crianzas, puedes recurrir al ensamblaje para corregir detalles como la acidez, por ejemplo, o para dar algún matiz. En el vino parcelario se reflejan las particularidades de la parcela, tal cual, y si ese año dan un vino más ácido que el anterior pues se tiene que quedar así. El viñedo, por muy bueno que sea, no se comporta siempre igual». No obstante, Pinto habla con cariño de esos vinos porque «se les dedica mucha atención y esfuerzo. Son producciones más pequeñas, que no tienen un gran volumen, pero que son fiel reflejo de la calidad y del 'terroir'».

Vinos parcelarios

  • Finca Vallobera Elaborado con uvas de Laguardia y El Villar. Tiene un envejecimiento más largo que el crianza y en barricas mas nuevas. Muy sedoso.

  • Terrán Explota al máximo la potencialidad del tempranillo. Es un vino para degustar más que para beber. Opaco, saca los matices a frutas como la ciruela seca o incluso lácticos .

  • Colección familiar Es un tinto elaborado con uvas de vides plantadas en vaso de más de 80 años. 90% tempranillo y 10% garnacha. Es un vino muy complejo que ofrece la máxima elegancia.

  • Graciano Una variedad diferente en una parcela diferente. Mucho más agradable en boca de lo que es habitual en esta variedad porque se vendimia en verde y solo se elabora sin una extracción máxima.

  • Caudalía Elaborado solo con el corazón del prensado del tempranillo blanco. 6 meses de crianza sobre lías y se extrae la esencia del tempranillo, con notas de melocotón y piña, y una cremosidad ligera. En botella evoluciona un año .

  • Pensando en ti Garnacha blanca 100% de 54 años. Producción de 1.118 botellas. La última creación de la bodega. Es una vino que va cambiando rápido en el copa.

Precisamente, para preservar esa calidad y mantener una de sus referencias –Terrán de Vallobera– como un vino top, «no todos los años lo sacamos al mercado. Si vemos que el resultado obtenido no nos satisface, lo mezclamos con el crianza para enriquecer a este, pero no sacamos al mercado un Terrán que no sea top», apunta el enólogo.

También reconoce que ahí juegan con un factor a favor: «No son vinos de mucho volumen, por lo que no son referencias que sostengan económicamente a la bodega. Como dice Javier San Pedro –propietario de la bodega– 'son los vinos más especiales, pero no los vinos de más volumen' y eso permite trabajar sin presión y sin la obligatoriedad de tener que poner en el mercado un vino que no alcanza nuestra máxima exigencia de calidad, como queremos que sea Terrán de Vallobera. No nos vale un 9, queremos que ese siempre sea un 10».

Bodegas Vallobera ofrece una gama de vinos parcelarios que incluye tanto tintos como blancos

Este esfuerzo no siempre es valorado en su justa medida por el mercado. «Reconoce esos vinos, pero le cuesta entenderlos. Los ve diferentes, con mucha mayor complejidad, estructura, aromas... pero no los entiende. El problema es que hay que catarlos, que alguien los explique para poder apreciarlos en plenitud».

El Consejo tampoco ayuda a estos vinos que salen a los mercados con la etiqueta genérica que la mayoría de la gente solo asocia a los vinos jóvenes, aunque dentro de la categoría de etiquetas 'verdes' cabe mucho más que esos tipos de vino. Pese a ello las vinotecas y restaurantes de calidad (donde suele haber un sumiller) son el destino de unos vinos que recuerdan la tierra donde nacieron.