A la izquierda, el equipo de El Mirador. Arriba, comedor acristalado de El Mirador y abajo, la terraza de Los Bracos. / MIGUEL HERREROS

Terrazas con alma

Los restaurantes El Mirador y Los Bracos presentan menús caseros con productos de temporada en dos de los espacios exteriores más confortables de Logroño

REDACCIÓN

El restaurante El Mirador, aposentado en General Urrutia, mira hacia la frontera fluvial que traza el Ebro y más allá de su curso en una de las terrazas más majestuosas de Logroño. Veintiuna mesas conforman la panorámica utópica de un día despejado. El comedor interior y acristalado también vislumbra la naturaleza.

En la cocina, la amplitud del menú la diseña Miguel Ángel Larrazabal, a los mandos de los fuegos desde hace más de una década. En su recetario exalta el producto fresco de temporada. Platos de comida casera con regusto de antaño y un jugoso listado de postres artesanos alimentan la vista. Los menús se mueven entre los 13 euros de rutina y los 17 para los festivos.

Con Larrazabal, comparte horas culinarias Maribel Rodríguez. Y en sala, completan la familia profesional José Luis Jiménez y Mario Jiménez. «Agradezco profundamente el esfuerzo y la profesionalidad que demuestran todos los días para que nuestros clientes se sientan a gusto», expresa Adela Contreras, líder del proyecto. El alma del negocio son las personas que están y participan en el día a día.

Contreras también gestiona el céntrico restaurante Los Bracos, una de las terrazas más emblemáticas –dieciséis mesas– de la céntrica Bretón de los Herreros. Los menús estacionales –16,50 euros– llevan la firma de José Navarro. El jefe de cocina cuida los pormenores desde la sala de máquinas. Todo es casero. En sala, Greiss Mosquera es «la ayuda infinita», la sonrisa detrás de cada desayuno.

José Navarro y Greiss Mosquera en el restaurante Los Bracos. / Miguel Herreros

«Soy muy afortunada por contar con este grupo de personas. Sin estas plantillas, sin este equipo insuperable, nada sería igual», incide Contreras, que se siente tan agradecida por privilegiada. «Doy las gracias también a Goyo López, director del hotel Los Bracos, que es la persona que me dio la oportunidad de llegar hasta aquí», recuerda.

El poso son las personas

Las personas, que son la esencia de cualquier propuesta, son motivo de unión y optimismo en este contexto histórico adverso para todos, pero de enorme dificultad para la hostelería. «Agradezco a todos los clientes que nos visitan y a los futuros que vendrán a vernos, porque sin ellos no sería posible escapar de esta situación tan difícil que estamos pasando», asegura Contreras.

En El Mirador y en Los Bracos, se respira calle y cercanía. Se mira y se ve el discurrir de las cosas, ya sean río, calle o personas. Miguel Ángel, Maribel, José Luis y Mario, José y Greiss, y también Adela, son el alma de estos lugares abiertos. El poso que permanece después de cada visita es el humano.