Siempre nos quedarán las uvas

El regusto final casi unánime en cualquier cena de Nochevieja, incluso en una tan atípica como ésta, nace en la vid y lacra el último instante del año

SERGIO CUESTA

Ésta no es una noche cualquiera. Y más en un 2021 que se despide con familias parcialmente confinadas y atípicas escenas domésticas. El telón de fondo sigue siendo pandémico, pero el primer plano es una noche que cierra ejercicio y hace balance. La última noche del año es un crisol que funde nostalgia y recuerdos, agradecimiento, supersticiones y buenos deseos.

La que se viene es una noche grande en el calendario, de esas que convierten al comensal en hipérbole alguna vez, porque las cantidades de comida y bebida ingeridas suelen ser excepcionales, incluso exageradas.

Al igual que en Nochebuena, las mesas domésticas visten sus mejores galas para albergar el desfile ritual de delicias frías y calientes que antecede a las campanadas. La medianoche es el antes y el después de esta velada.

Alrededor de ese horario, orbitan los acontecimientos y van saliendo los platos desde la cocina. Llenamos el buche a un ritmo democratizado. Avanzamos hacia el mismo destino común, que son las doce en punto.

Tropezarse estos días en casa con el cordero, el cabrito o el besugo tiene algo de reencuentro familiar y ritual doméstico. Los asados siguen siendo elección mayoritaria tanto en la cena como en la comida de Año Nuevo, aunque, del mismo modo, las opciones vegetarianas y veganas están más normalizadas. Gustan especialmente los menús abiertos con un buen surtido de aperitivos y raciones que son preámbulo y bien podrían ejercer como principales.

Volovanes, una tabla de embutidos y quesos y una ración de langostinos a la plancha. / FOTOLIA

En la amplia y reluciente antesala, se reúnen mariscos –el langostino sigue siendo el rey entre raciones de almejas, gambas, mejillones, vieiras, nécoras, percebes, cigalas y otros crustáceos–, canapés clásicos junto a volovanes más innovadores, tablas de embutidos ibéricos, quesos, micuit de pato, pimientos, anchoas, casquería, ensaladas o deliciosas croquetas caseras.

Un menú con caldo y fideos, un pescado al horno, embutido, escabeche, ensalada y alcachofas le sabría a poco a más de uno en una fecha como ésta y en pleno siglo XXI. En 1926, en cambio, fue una más que aceptable cena para Alfonso XIII y su familia, según escribió el periodista Dionisio Pérez, en contacto con los mismos cocineros palaciegos. Las Nocheviejas transcurren como vetustos festines de reyes, con cierto aire a un esplendor decadente.

En La Rioja, una noche como ésta esconde curiosas costumbres autóctonas asentadas en la común esperanza de buena suerte, como las 'subastas' de mozas que acontecían en algunos pueblos serranos. Este folclórico sorteo emparejaba a los 'amantes' por tiempo limitado, hasta el día siguiente.

De algún modo, en Nochevieja, activamos el modo de catarsis colectiva.

El preámbulo presenta mariscos, canapés, embutidos, quesos, fritos o pimientos rellenos

Los menús y los planes garantizan una diversidad festiva cargada de significados y referencias. Casi todos coincidimos, sin embargo, en el último paladeo del año; el sabor que cierra toda una temporada de desayunos, almuerzos, comidas, meriendas, cenas y recenas. Ese regusto es a uva blanca, costumbre tan mágica en Nochevieja como vestir una prenda íntima de color rojo o sumergir un anillo en la copa; masticada, primero, al son de las campanadas; y bebida en forma de champán o cava, ya entre besos y abrazos. Ese sabor tan familiar es despedida y, a la vez, contraseña para el reinicio.

Al homenaje culinario habitual en cada casa se suma una general y generosa formación de vinos, cavas, champanes y/o licores varios.

Es fecha indicada para destapar las esencias mejor custodiadas en bodegas y minibares. Con el reloj de la Puerta del Sol en el rabillo del ojo, la televisión en estéreo, la pandemia en la cabeza, los primeros cohetes transgresores y los trajes de cotillón reservados para la próxima vez, siempre nos quedarán las uvas.

Las lentejas, garantía de fortuna para el año venidero. / FOTOLIA

Lentejas que traen buena suerte, una tradición muy italiana

Si la tradición centenaria de comer uvas está generalizada en casi todos los hogares españoles, no sucede lo mismo con una receta asociada a la Nochevieja desde tiempos aun más remotos. Las lentejas (de la suerte) son costumbre muy arraigada el 31 de diciembre en la vecina Italia. La historia y la leyenda redundan en la garantía de fortuna y salud para todo aquel que decida encarar esta última noche del año con este plato de legumbres en el menú. Cocina sencilla, sabrosa, saludable, asequible y también simbólica.