La elaboración del roscón es completamente artesanal. / M.H.

El regalo dulce de los magos

El consumo del roscón de reyes aumenta cada año y actualmente ya no solo cierra las celebraciones navideñas, sino que también es habitual en las mesas en las fechas previas al 6 de enero

César Álvarez
CÉSAR ÁLVAREZ

El roscón de reyes era un postre que se consumía, casi exclusivamente, el día 6 de enero y si había suerte y aún sobraba, al día siguiente. Sin embargo, los usos y costumbres en torno a él van cambiando y ya no es tan exclusivo del día más mágico del año, sino que es habitual en fechas previas a Reyes. Según explica Eduardo Villar, de Horno Arguiñano, «nosotros hemos estado haciendo roscones durante toda la Navidad, porque hay quien le gusta comerlo, pero no es solo eso. Hay gente que nos llega a pedir un roscón a mitad de año, porque quiere celebrar su cumpleaños con un roscón».

Pero, al margen de lo que se demanda en otras fechas diferentes al día de Reyes, lo que Villar tiene claro (y desde su posición de presidente de los panaderos y reposteros españoles, lo sabe bien) es que «el año pasado, la cantidad de roscones de reyes que se consumieron en La Rioja y en toda España, fue una exageración». La razón que lo explica es «la situación en la que vivimos. La gente quería llevar la celebración a casa. Acabábamos de salir de una crisis sanitaria y no podíamos, o no debíamos, celebrar nada fuera así que la gente compraba el roscón y hacía la celebración de forma mucho más íntima». Esto derivó también en un consumo diferente: se vendieron roscones más pequeños, pero se vendieron muchos más que los años anteriores: «Como ya no había grandes reuniones familiares, no se necesitaban roscones muy grandes», explica Eduardo Villar, que apunta en la misma línea para estos próximos días.

Un roscón con premio doble

Como ya hiciera el año pasado con la hostelería, Horno Arguiñano ha querido acordarse de aquellos que más lo necesitan y vinculado a sus roscones lanza dos campañas.

De una parte, un porcentaje de las ventas de sus roscones irá destinado como donativo a Cruz Roja, para financiar su atención a los más desfavorecidos ahora que la demanda aumenta y las ayudas estatales cada vez son más pequeñas. Horno Arguiñano quiere seguir contribuyendo a mejorar la situación de los que más están sufriendo. «Tenemos que remar todos juntos y por poco que hagamos entre todos, conseguiremos superar, una vez más, estos tiempos», afirma Villar.

Por otra parte, uno de los consumidores de su roscón encontrará un vale que le dará derecho a recibir cada día del próximo año una barra de pan sobado de La Rioja, el pan con distintivo de calidad que se produce en la comunidad.