La pintura gastronómica del desconocido Luis Meléndez

La pintura gastronómica del desconocido Luis Meléndez

Luis Egidio Meléndez es uno de esos pintores escondidos de la historia del arte en España, pero le sobraba el talento para ser el que mejor retrató la comida del Siglo XVIII, un verdadero portento del bodegón y los detalles

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

Uno de los temas más recurrentes de la pintura en la historia son los llamados bodegones o naturalezas muertas. Es curioso, en muchas ocasiones, como explica Lucía Ramos Martín, el «desarrollo de este tipo de pintura estuvo íntimamente relacionado con la Reforma Protestante, el mecenazgo de obras de temática religiosa desapareció, y los artistas de los Países Bajos comenzaron a pintar escenas de la vida cotidiana: retratos, paisajes, vistas de ciudades y, por supuesto, naturalezas muertas. En estas últimas los artistas tenían una libertad total para escoger los objetos que quisieran; así, estas obras se convirtieron en un magnífico medio de experimentación técnica en el que hacer estudios de color o practicar las calidades. El bodegón pronto llegó a Italia y de allí pasó a España. Es seguramente uno de los fenómenos artísticos más relevantes del paso del Renacimiento al Barroco».

Los maestros exhibían en sus bodegones su habilidad en la composición de la obra, el manejo de las luces y las sombras, o la representación de las diferentes cualidades táctiles de las superficies de los objetos. Frente a los retratos o los cuadros religiosos, los bodegones se consideraban entonces un género menor que no gozaba de gran prestigio. No obstante, no faltaban compradores dispuestos a adquirir aquellas obras en las que la realidad había sido captada de una forma tan fidedigna que hoy nos parece fotográfica.

El bodegón español

Origen España, la entidad que agrupa a una serie de productos amparados con sellos de calidad como DO o IGP, ha organizado una ruta en el Museo del Prado por el mundo de los bodegones gastronómicos en la historia de la pintura española. Y el plato fuerte de este 'recorrido-menú' es el arte del bodegón español, que lleva un nombre que es un secreto en sí mismo porque es muy poco conocido: se trata de Luis Egidio Meléndez, un autor que murió en la pobreza más extrema.

Arriba, Bodegón con salmón, limón y recipientes (1772). A la izquierda, Bodegón con ostras, ajos, huevos, perol y puchero (1772). A la derecha, Bodegón con arenques, cebolletas, pan y utensilios de cocina (1772). / Museo del Prado

La comida del Barroco

Antes, había recibido el encargo del rey Carlos IV de pintar una serie de sesenta bodegones, que reflejaban con total precisión los productos alimenticios de la época, con jamones, aceites, carnes y frutas distribuidos por estaciones.

Bodegón con manzanas, pan, queso y recipientes (1772).
Bodegón con manzanas, pan, queso y recipientes (1772). / Museo del Prado

Los cuadros de Meléndez, por lo general, son de una gran sobriedad y están ejecutados con una solidez de dibujo y un realismo perfeccionista que alcanza hasta los más mínimos detalles. Sus composiciones, como destaca Juan J. Luna, «son ordenadas y claras, gustando de los contrastes de luces y sombras, gozan de una intensidad tal que recuerdan los mejores aciertos de Sánchez Cotán o Zurbarán. En este aspecto es continuador de la brillante ejecutoria hispánica del XVII».

Recibió el encargo del rey Carlos IV de pintar una serie de sesenta bodegones

Reflejan con total precisión los productos de la época: jamones, aceites, carnes, frutas y pescados

Sus creaciones se han dispersado por colecciones privadas y museos de España y del extranjero. El Prado posee un gran conjunto de piezas de su mano, que proceden del palacio de Aranjuez y responden a un grupo que él mismo tituló: «Un divertido gabinete con toda especie de comestibles que el clima español produce».

Pobre de solemnidad

Escribía Eduardo García que Luis Egidio Meléndez nunca fue rico. De hecho, murió y fue enterrado como pobre de solemnidad. Las paradojas de la vida lo sitúan como uno de los grandes pintores del bodegón en España, los productos del barroco retratados en su máxima expresión reflejados por un pintor que prácticamente se murió de hambre. En una exposición en Asturias sobre su obra, Juan J. Luna explicó una anécdota que explica su minuciosidad en el detalle: «Supimos que una determinada plaga, conocida como 'piojo de San José' había llegado a España al menos cincuenta años antes de lo que estaba documentado. El pincel de Meléndez había dejado constancia de las tenues huellas de esa plaga en la fruta que pintaba». A pesar de su talento, Meléndez vivió en la pobreza durante la mayor parte de su vida, en una carta de 1772, dirigida al rey, declaró que sólo poseía sus pinceles y que no podía continuar con la serie de los 'cuatro elementos' «por no tener medios para continuarla ni siquiera los precisos para alimentarse... Ignorado, cuando murió en 1780, su situación económica era de indigencia».

Se especializó en naturalezas muertas, pero dominaba las técnicas del retrato, como prueba un soberbio autorretrato que se cuelga en el parisino Museo del Louvre, un óleo que los expertos no dudan en calificar de antológico. Trabajó para la casa real, pero también para particulares. Y siempre con un estilo sobrio y al detalle. Aunque español, este desconocido pintor nació en Nápoles en 1716 y murió en Madrid en 1780.

A veces denominado 'el Chardin español', prosigue Juan J. Luna, su producción carece del impulso lírico de las obras del francés, más exquisitamente diversificadas. Meléndez es un experto en el tratamiento de las superficies, evidenciando una extraordinaria habilidad para conseguir dar idea de las calidades de las cosas: frutas, cerámica, cristal, corcho, textiles, metales o piedra. En algunos lienzos introduce el fondo de paisaje lo que los aproxima al bodegón napolitano. Maestro de la fuerza expresiva y casi mago de la técnica, refleja, en su deseo de exactitud, los principios del mundo ilustrado en su aplicación a describir los elementos de manera que puede ser entendida como didáctica.

Arriba, Bodegón con besugos, naranjas, ajo, condimentos y utensilios de cocina (1772). A la izquierda, Bodegón con bandeja de uvas (1771). A la derecha, Bodegón con peras, melones, platos y barril (1764). / Museo del Prado

Técnica y estilo

Una de sus obras más conocidas es 'Bodegón con salmón, limón y recipientes' (la primera de las ilustraciones de esta página) y es, tal y como explica la web de la pinacoteca madrileña, un soberbio exponente de su virtuosismo en la captación de los elementos, todos ellos tratados con un lenguaje directo y realista. En primer término, un limón se contrapone, aislado, al grupo que constituyen una rodaja de salmón fresco y varios cacharros de cocina; estos últimos son una vasija de cobre, un perol del mismo metal y un puchero de Alcorcón sobre el cual, a modo de tapa, figura un trozo de loza. El plano que sustenta el conjunto desaparece en el fondo, subrayado su límite por una cucharilla de larguísimo asidero.