LAS COSAS PASAN

PABLO GARCÍA-MANCHA - TENDENCIAS

Te das cuenta de que algo pasa cuando ha pasado. A veces las cosas suceden en tus narices y no las ves. Pasan y pasas de ella. Estás más pendiente de horizonte lejano y no te enteras de que aquí está ocurriendo algo. ¡Y vaya que está pasando! El lunes asistí con asombro a la puesta de largo del restaurante de Juan Carlos Ferrando y aluciné en colores cuando entré y me di de bruces con un espacio mágico y asombroso, un lugar pensado hasta el último detalle con una decoración muy atrevida, original y por momentos, bella. Un lugar que nace con vocación de templo, que te predispone a que algo muy especial va a sucederte si entras y te dejas llevar. La cocina como una experiencia en un formato diferente pero accesible. Ni hay que ser rico ni conocer a Le Corbusier para comerse un gallo a la Meunier. Precisamente un gallo, uno de mis pescados preferidos cuando era niño. Pez con nombre de ave, de un pájaro que lo ves más caminando porque apenas vuela y que se conoce más a la hembra que al macho. Gallo de pelea, gallo de mar, la textura frágil de su carne que contrasta con su piel sabrosa y disputada por los hermanos que se precien. En realidad comer es sencillo y hermoso. Consiste en dejarse llevar, sobrevolar por los intangibles y también emocionarse. Les decía que sucedía algo y probablemente sea cierto y también requerimos de su paciencia, amable lector, para ir recorriendo con nosotros los espacios donde comer sea una profunda devoción por la naturaleza de las cosas. La cocina riojana vive un momento de inusitada conmoción pero hemos de seguir ahondando en la búsqueda, en la percepción de cada uno de nuestros productos, en la exquisitez, en los aromas. Desde fuera de La Rioja se contempla con asombro lo que está sucediendo y la forma en la que en dos años se han multiplicado las estrellas Michelin en Logroño, ciudad casi vedada para los macarrones de la Guía Roja y que ha visto cómo en dos años dos nuevos locales han logrado semejante reconocimiento. Pero conviene entender que no toda la cocina pasa en exclusiva por las estrellas; hay modelos de restaurante que por su formas y su personalidad nunca van a entrar en el camino de la guía francesa. Es decir, se puede ser un restaurante extraordinario y no tener estrella. O modelos de barras de pinchos o de fórmulas más sencillas en cuanto a la organización de la oferta. El caso es tener una idea y contar con la fuerza emocional para sacarla hacia adelante. Están pasando cosas. Muchas cosas. Ojalá que no dejen de pasar.