Justo Rodríguez

Navidad con regusto a caramelo

Estas últimas semanas del año son muy excitantes para el paladar, que se permite licencias excepcionales en la degustación de gran variedad de dulces de temporada

SERGIO CUESTA

Hay regusto a cigalas y langostinos, aromas de embutido ibérico, recuerdos de besugo al horno, costumbres de cardo y de patorrillo. La Navidad riojana sabe a modos antiguos, recetas propias y productos de siempre. El paladar reconoce el cordero asado, el cava y, por descontado, las almendras y el azúcar. Incluso hay reminiscencias a las angulas, en su día regaladas y hoy esquivas para casi cualquier bolsillo, y a vinos reservados; pero prima lo dulce.

Quizá la llegada de estas fechas no cause la misma intriga gastronómica que antaño, pues lo que entonces era extraordinario se ha vuelto habitual, pero se avecinan días y noches muy excitantes para el estómago. Y sí, hay vida dulce más allá de la que palpita dentro de los ilustres mazapanes.

Lo que puede parecer trámite es el colofón de cada festín. Las bandejas de postres son licencias amparadas en estas fechas tan señaladas, justificadas en la excepción y coloreadas de múltiples ingredientes. Turrones artesanos acompañan a los más clásicos, el dulce y el duro, alguno achocolatado; los mazapanes no pierden sitio junto a bombones, trufas, frutas escarchadas, guirlaches, garrapiñadas, dulzuras, polvorones, mantecados, piñones o almendras cromadas en azúcar blanco. Así queda dibujado el típico retrato de sobremesa que se prolonga entre conversaciones y brindis festivos que enaltecen aún más el dulce en la boca.

Dulces típicos riojanos

  • Mazapán: hay vida más allá de este dulce legendario con origen en Soto en Cameros, pero su historia se renueva cada año como tradición moderna y bocado popular.

  • Turrón: los de toda la vida (duro, blando, chocolate, yema), que pueden ser de naturaleza industrial o artesana y mucho más exclusiva.

  • Polvorón: otro de los bocados que más endulzan las sobremeses navideñas (también las horas muertas).

  • Otros: bombones, trufas, riojanitos, orejones, dulzuras, guirlaches, garrapiñadas, frutas escarchadas, uvas pasas o peladillas comparten mesa con el panetone, los alfajores o el tronco de Navidad.

Cada año, Soto en Cameros nos recuerda que allí nació una receta legendaria, apreciada en mesas de La Rioja y mucho más allá de sus lindes. El pueblo enmarca en la sierra una postal de Navidad idílica, evocando una historia rural de artesanía, familia y ciertas dosis de imaginación y fantasía. Lo cierto es que el mazapán se renueva cada mes de diciembre como tradición moderna y bocado popular por excelencia.

El turrón está tan íntimamente ligado a estas próximas fiestas como el mazapán. Las tabletas blandas, duras o de chocolate con arroz inflado comparten bandeja con otras artesanas, más exclusivas. Estas recetas de maestros pasteleros se dejan ver estos días en algunas panaderías y pastelerías especializadas de La Rioja, como Horno Arguiñano en Logroño, Isidro en Santo Domingo de la Calzada o Flor y Nata en Calahorra, respaldadas por el sello de Artesanía de La Rioja. La calidad de los ingredientes y el coste hacen de estos turrones unos bocados realmente excepcionales. El de yema es vicio popular y demandado también fuera de temporada.

El hilo gustativo

Los polvorones completan el triunvirato azucarado que gobierna cualquier sobremesa navideña y sostienen conjuntamente el hilo gustativo que nos conecta con el pasado. La Navidad pervive generacionalmente en esos sabores comunes que conmemoran ritos culinarios y episodios vitales. Bombones, trufas, riojanitos, orejones, dulzuras, guirlaches, garrapiñadas, frutas escarchadas y peladillas salpican los postres, la memoria, y comprometen las horas muertas vacacionales.

Bombones, trufas, frutas, garrapiñadas o peladillas completan las sobremesas

Además de estas opciones y otras similares que distinguen las preferencias riojanas, existen bocados de talante internacional que son fijos en muchas casas. El panetone o pan dulce de Navidad, bollo elaborado con una masa brioche y rellenado con pasas y frutas confitadas, es postre con origen italiano y extendido por todo el mundo durante estas fiestas. Del mismo modo, los troncos de Navidad, de invención francesa, son opción predilecta en muchos hogares europeos. También triunfan en estos lares los alfajores, icono dulce en Argentina que trasciende el mes de diciembre.

Hay regusto a yema de huevo, aromas frutales, recuerdos de piñones, de orejones, de dátiles y uvas pasas. El paladar reconoce las trufas, las garrapiñadas, las peladillas, los guirlaches y, por descontado, las almendras y el azúcar. Se avecinan sobremesas muy excitantes para el estómago. Por supuesto, hay vida dulce más allá de la que palpita dentro de los ilustres mazapanes, de añejos turrones y de genuinos polvorones.