Las pasteleras de Horno Arguiñano acaban varios turrones. / F. DÍAZ

Navidad en Horno Arguiñano

Horno Arguiñano comenzó a trabajar en los dulces navideños al día siguiente de concluir de hacer 'huesitos de santo'. Turrones, polvorones, panetones, guirlaches o garrapiñadas constituyen su oferta artesana

César Álvarez
CÉSAR ÁLVAREZ

No hay descanso. Las pasteleras de Horno Arguiñano no paran. A mediados de octubre comenzaron a preparar 'huesitos de santo' para el día 1 de noviembre, y cuando acabaron con ellos, empezaron con las elaboraciones navideñas que hace ya algunas semanas que 'adornar' los mostradores del establecimiento de avenida de la Paz.

Este año, además, se han encontrado con la agradable sorpresa de que algunas de las empresas que aún dan cestas a sus trabajadores han optado por unas más pequeñas pero de calidad, y son bastantes los pedidos recibidos de tabletas de turrón. Y es que los turrones constituyen la parte más vistosa de la oferta. Ofrecen unas formas y colores que atraen la vista antes ya de comenzar a salivar mientras se elige entre las variedades de yema, pistacho, almendra, nuez, ponche, pan de Cádiz... e incluso uno de vino. Son todos turrones hechos artesanalmente y que son cortados por la pastelera en el momento de la venta. «La mayoría de la gente los aprecia mucho. Son turrones que no los ha hecho una máquina, sino una persona que los ha trabajado con las manos», señala Eduardo Villar, responsable de Horno Arguiñano.

Sin embargo, aunque el turrón es uno de los grandes atractivos de las fiestas navideñas y uno de los productos que más se venden en el establecimiento, Villar explica que también hay otros que tienen un gran éxito entre su clientela. Unos de esos productos son los polvorones de almendra. «Se sigue la receta tradicional, la de toda la vida con harina deshidratada, azúcar y harina de almendra. En algunos casos, se añade también almendra picada para encontrarse pequeños trozos en la boca», explica, y aquí, apunta a que solo hay una diferencia entre unos polvorones y otros: «Esa diferencia es la calidad de la materia prima. En este caso es muy importante la calidad de la almendra», y apunta a que él utiliza almendras nacionales «no la marcona porque en esta solo se nota la calidad cuando se va a sacar el aceite, pero hay que comprar buenas almendras. La nacional es más crujiente, frente a las de fuera, más pastosas».

Y es que, en general, se decanta por los frutos secos nacionales (almendra, nuez, piñones) para sus elaboraciones porque la calidad general es muy superior a los que vienen de India o Turquía. Y además, él trata de optimizar los recursos. Como dispone de un espacio fresco y oscuro, adelanta sus compras «ahora el kilo de piñones puede estar en torno a los 45 euros, mientras que hace un par de meses estaba mucho más barato, los compro y los guardo en un lugar con las condiciones apropiadas», explica. Esto le permite contar con materias primas de calidad sin tener que disparar los precios.

Las garrapiñadas y los guirlaches también cuentan con el favor de su clientela que opta casi siempre por la almendra a pesar de que ha habido intentos de ir introduciendo otros frutos secos.

El panetone italiano cada vez cobra mayor fuerza y Horno Arguiñano los ofrece de chocolate y naranja, fruta escarchada o chocolate. Son piezas casi recién hechas porque «en mi horno caben 120 panetones a la vez, pero no quiero venderle a nadie uno que lleva hecho 15 días. Es un producto que lleva una elaboración cuidada, con 36 horas de trabajo, materias primas de la máxima calidad y no se puede vender estando ya viejo».