Una de las primeras imágenes para publicitar el vino de Rioja. / R. C.

Así nació la marca Rioja

Fue la primera denominación de origen vinícola con consejo regulador y en generar disensiones entre los bodegueros

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA Madrid

Al final la sangre no llegó al río. Aunque alguna herida se ha abierto, el agua no se ha teñido de color rojo tinto. De momento, el PNV ha renunciado a que el Congreso de los Diputados se pronuncie sobre la posible división de la DOCa Rioja. DOCa son las siglas de 'Denominación de Origen Calificada', una distinción que se aplica a las DO más antiguas y que cumplen ciertos requisitos especiales.

En España solo pueden presumir de esa categoría los vinos de Rioja (desde 1991) y los de Priorat (desde 2000), las dos marcas vinícolas que más tempranamente pidieron su reconocimiento oficial. La riojana lo recibió en 1925, mientras que la tarraconense solicitó el mismo trato en 1928 y acabó siendo reconocida en 1932 con la aprobación del Estatuto del Vino.

El vinoso debate de esta semana lo conocerán ustedes de sobra, debido a las múltiples y airadas reacciones que ha despertado. Pero no viene mal recordar que todo el follón procede de una iniciativa parlamentaria registrada en julio de 2020 y que afecta a la ley que regula las denominaciones de origen supracomunitarias. Es decir, las que abarcan territorios pertenecientes a más de una comunidad autónoma.

El PNV quiere desde hace tiempo reformar la norma para crear una subdenominación de Rioja Alavesa, que tendría así un consejo regulador propio y mayor independencia de la que goza ahora, como una de las tres zonas de la DOCa Rioja. La cuestión es que los nacionalistas vascos quisieron aprovechar el clásico marco de toma y daca en torno a los Presupuestos del Estado para sacar adelante la votación, se lio una gresca tan considerable como entendible y al final han terminado desistiendo. Al menos, por ahora y por ese camino concreto. Pero el tema seguirá trayendo cola porque el Gobierno vasco tiene pendiente por parte del Ministerio de Agricultura la aprobación de un expediente que permitiría inscribir a 'Arabako Mahastiak - Viñedos de Álava' como DOP en el registro europeo.

Conflicto histórico

Es un lío, lo sé. Por eso viene bien remontarse a los orígenes de la marca Rioja e intentar comprender sus actuales conflictos a través de la historia. Enfrentamiento entre políticos, viticultores y bodegueros los ha habido siempre debido a los diferentes intereses de unos y otros, así como también a causa –que los riojanos me perdonen– de las difusas líneas que históricamente delimitaron a La Rioja.

Desde 1982 es una comunidad autónoma perfectamente definida de 5.045 kilómetros cuadrados y 174 municipios, pero durante siglos Rioja fue el nombre de una región imprecisa y cambiante plasmada por primera vez en un mapa en 1769 y encima con polémica, pues el cartógrafo Tomás López no incluyó todos los pueblos debidos. Primero en Castilla la Vieja, luego dividida entre las intendencias de Burgos y Soria... El territorio riojano no tuvo límites precisos ni estructura administrativa hasta 1822 e incluso entonces (y para desesperación de sus ciudadanos) se le puso el nombre de provincia de Logroño.

Curiosamente la creación de ese anhelado marco administrativo, propio y separado, fue uno de los mayores objetivos de la primera asociación vitivinícola de la zona. La Real Sociedad de Cosecheros de La Rioja Castellana nació en 1790 gracias a la reunión de 52 pueblos interesados en mejorar la calidad, cantidad y exportación de su vino, que desde el siglo XIII constituía el motor económico de la región. Los intereses de esta institución ilustrada pronto sobrepasaron los de su sector original. Tanto que fueron precisamente ellos los que se quejaron del mapa de López y también quienes mejor promovieron la causa provincial.

El problema es que al norte del Ebro había otros viticultores que también presumían de riojanos, aunque administrativamente fueran alaveses. La vieja Sonsierra de Navarra, con capital en Laguardia, pasó a finales del siglo XV de ser parte del reino navarro a integrarse dentro de Castilla, concretamente en la Hermandad de Álava.

Conocida a partir de entonces como Rioja Alavesa, en aquella tierra también se hacía vino. La zona vinícola estaba dividida en esa época en dos identidades políticas distintas, cuatro si tenemos en cuenta que también había bodegas en Miranda de Ebro (Burgos) y en algunos pueblos del sur de Navarra. Ahora todos ellos están incluidos en la DOCa Rioja, pero las fricciones entre vecinos se produjeron desde el principio.

Inspiración francesa

La modernización y mejora del vino riojano se produjo a mediados del siglo XIX y de manera simultánea tanto en la Rioja Alta como en la Alavesa. Inspirados por los métodos de producción franceses nacieron dos proyectos, el del marqués de Murrieta en 1852 (Logroño) y el del Médoc Alavés en 1862, que transformarían completamente el futuro del sector.

Los grandes empresarios vascos desembarcaron en la zona dispuestos a enriquecerse a base de uva y pese a los intereses comunes a partir de entonces surgieron suficientes piques como para que las primeras etiquetas de Marqués de Riscal no llevaran la palabra 'Rioja'. O como para que en 1928 los bodegueros alaveses estuvieran a punto de mandar a la nueva DO a hacer puñetas, por mandona. No hay nada nuevo bajo el sol.