Ilustración de Francisco Martínez Chaves para 'Menús familiares' (1977). / R. C.

Los ministerios y la cocina

Del recetario editado por el Ministerio de Consumo saltamos a la curiosa historia de la gastronomía institucional

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA Madrid

Aunque en esta página nos ocupemos siempre de la comida del pasado, eso no quiere decir que no estemos atentos a la actualidad del mundillo gastronómico. Entre viejos recetarios, restaurantes desaparecidos e historias de viejas cocineras, de vez en cuando asoma también el presente, sobre todo cuando tiene jugoso salseo y cierto trasfondo histórico o, al menos, sustancia suficiente como para que buceemos en sus orígenes.

Por activa o por pasiva habrá llegado hasta ustedes el runrún de cierto libro de cocina presentado, editado y asumimos que financiado por el Ministerio de Consumo. 'Comida rápida, barata y saludable' ha resultado ser una recopilación de recetas para jóvenes cosmopolitas, modernos de espíritu y emancipados recientes con ínfulas culinarias pero poca experiencia con las cazuelas. A pesar de que el ministro Garzón escriba en el prólogo que «nuestro país goza de una de las mejores tradiciones gastronómicas del mundo», este librito no solo está trufado de anglicismos como 'healthy', 'veggie' o 'cool', sino que se basa principalmente en versiones de platos extranjeros: humus, sushi, ramen, guacamole, miniburgers, poke, pizza... Obviamente en este mundo cada vez más globalizado no podemos pretender aislarnos de la influencia que las tendencias internacionales ejercen sobre nuestros gustos ni de las fusiones resultantes, pero no parecería tan disparatado esperar que con dinero público se promocione la dieta mediterránea en vez de la intercontinental.

O que se defiendan los alimentos marca España en lugar de promover el consumo de quinoa, kale, mozzarella o ras el hanout, sobre todo cuando el libro se idea con un objetivo tan loable e importante como el de «combatir el sobrepeso y la desigualdad». Ministro Garzón dixit.

Más respuestas

El 56% de los españoles pesa más de lo que debería y el 22% sufre directamente obesidad. Es un grave problema de salud pública que, efectivamente, debe preocupar al Ministerio de Consumo, pero también al de Sanidad o al de Agricultura, Pesca y Alimentación, carteras que se reparten las competencias sobre alimentación, seguridad alimentaria o educación nutricional. La respuesta de las administraciones tendría que ser algo más que unas cuantas recetas ligeras, modernitas y poco asequibles. Usando el recetario ministerial como referencia y asumiendo que les encanten las lentejas con cúrcuma o el humus de remolacha con crudités, una familia de cuatro miembros gastaría solo en comidas y cenas unos 480 euros al mes, y eso teniendo en cuenta que el libro calcula los precios tan por lo bajo que dan ganas de preguntar a sus autoras –Marián García, María José San Román y Arantxa Castaño– dónde hacen la compra.

Facilitar a los ciudadanos recetas baratas, sanas y rápidas ha sido una preocupación constante durante el último siglo. En 1909 la iniciativa privada se adelantó a la pública con una simpática apuesta editorial titulada '100 modos de preparar un plato en pocos minutos'. Basado en un libro de cocina francés, este volumen tiene el mérito de ser el primer recetario español que indicó el tiempo que requería cada elaboración e incluso el coste aproximado. Sopa de cebollas, 20 minutos y 20 céntimos. Sopa con huevo, 6 minutos y 25 céntimos.

Tener que hacer más con menos fue una de las consecuencias directas de la Guerra Civil y del largo periodo de escasez, carestía y necesidad que esta provocó. La habilidad para alargar el contenido de la olla se convirtió en una aptitud básica de las amas de casa y hubo un momento en que el régimen franquista quiso sacar provecho de ella. En 1970 la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes convocó el primer Concurso de Menús Nacionales con la intención de que la capacidad de ahorro y gestión de algunas mujeres españolas sirviera de ejemplo para el resto. Se trataba de demostrar cómo con muy poco se podía conseguir mucho: las participantes presentaban un menú semanal completo dividido en desayunos, comidas y cenas que se valoraba según su variedad, calidad nutricional, sabor y precio.

El éxito de este primer certamen de menús fue tal que rápidamente se celebraron muchos otros a nivel provincial y local siguiendo las directrices que sobre dietética daba entonces la Dirección General de Sanidad. Obviamente la nutrición no tenía entonces las bases científicas que la rigen hoy en día y las instrucciones de médicos, expertos o autoridades sanitarias eran tan distintas de las actuales que invitan a la risa, pero a pesar de haber quedado obsoletos los dogmas de la alimentación de los años 70 dieron pie a uno de los recetarios más prácticos de nuestra historia. Seguro que muchísimos de ustedes tienen en casa un ejemplar de 'Menús familiares', el recetario publicado por el Gabinete de Orientación del Consumo (Ministerio de Comercio y Turismo) en 1977, 1979 y subsiguientes ediciones.

En realidad era un compendio de minutas presentadas en el mencionado concurso con la adición de recetas, consejos nutricionales, trucos para comprar bien y barato y un completísimo calendario que de un plumazo solucionaba la tediosa tarea de pensar qué hacer para comer cada día. Ojalá el ministro le echara un ojo.