Máxima sabiduría gastronómica

El periodista y crítico gastronómico Cristino Álvarez, más conocido como 'Caius Apicius', murió en enero a los setenta años. :: /
El periodista y crítico gastronómico Cristino Álvarez, más conocido como 'Caius Apicius', murió en enero a los setenta años. ::

Los grandes de la cocina española destacan el valor literiario de Cristino Álvarez

REDACCIÓN

El 31 de enero de 1981 comenzó a escribir sus crónicas gastronómicas en la Agencia EFE Cristino Álvarez con el seudónimo de 'Caius Apicius'. Hace unas semanas nos dejó uno de los periodistas más importantes del mundo gastronómico español y una de las plumas de referencia del sector. Como escribe la periodista Pilar Salas, ahora al mando del mundo de la cocina en la agencia, sus amigos le recuerdan como un gran conversador de conocimiento gastronómico enciclopédico que plasmó semanalmente en infinidad de periódicos merced a sus colaboraciones.

Autor de una docena de libros recomendables, colaborador de varios medios y miembro de la Real Academia Española de Gastronomía, su presidente, Rafael Ansón, destacaba que Cristino Álvarez «fue un hombre de una extraordinaria cultura, brillante hablando y escribiendo», además de «un gran amigo que deja un recuerdo imborrable en las páginas de la gastronomía». «Trata de enseñar a comer a los ángeles del cielo», desea.

Considerado uno de los más importantes informadores gastronómicos del país, en 1991 recibió el Premio Nacional de Gastronomía y en el 2014 ingresó en la Real Academia de Gastronomía con un discurso sobre el vino y el Camino de Santiago. Tras dedicarse en sus primeros años a la información parlamentaria, comenzó a escribir crónicas gastronómicas con el seudónimo de 'Caius Apicius', en homenaje al gastrónomo romano del siglo I Marco Gavio Apicio.

El periodista siguió de cerca y desde sus inicios la revolución gastronómica española de los ochenta y, por lo tanto, la del triestrellado restaurante Arzak (San Sebastián). «Ha sido una enciclopedia de sabiduría culinaria, un hombre que siempre escribía en positivo y de gran sabiduría», decía Juan Mari Arzak, mientras que su hija, Elena Arzak, aseguraba que «siempre estaba dispuesto a compartir su sapiencia».

Carmelo Pérez, jefe de sala de Zalacaín, el primer restaurante de España en conseguir tres estrellas Michelin, considera a Cristino Álvarez «una persona irrepetible» siempre dispuesta a «ayudar a las buenas casas». Tanto que consiguió convencer a la nueva dirección del restaurante de no eliminar la exigencia de la chaqueta tras publicar un artículo.

Álvarez fue el primero en informar de la muerte del cocinero Santi Santamaría, con quien estaba en febrero del 2011 en Singapur, donde falleció por un fallo cardiaco, y sus herederos gastronómicos no le olvidan. Óscar Velasco, al frente de la cocina de Santceloni, con dos estrellas Michelin en Madrid, destaca su «capacidad para narrar un plato», y el sumiller del restaurante, Abel Valverde, subraya que fue una persona «culta y apasionada».

Un maestro

Para sus compañeros de profesión ha sido un maestro. Así lo explica Carlos Maribona, crítico gastronómico de ABC, quien reconoce que ha aprendido «muchísimo» de él en los viajes que compartían y leyéndole unas crónicas en las que «compartía su saber enciclopédico sin ser aburrido». José Carlos Capel le recuerda como «un disfrutón» con «un punto de humor satírico muy gallego al estilo de Julio Camba» y un «gran paladar»; su colega Philippe Regol, como «un hombre de gran cultura gastronómica, de razonamientos serios y un gastrónomo de los de antes», y el periodista gastronómico gallego Jorge Guitián destaca que supo «renovar el mensaje de los años cuarenta y cincuenta de Álvaro Cunqueiro y Julio Camba para hacer periodismo en los ochenta».

 

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