HISTORIA DE UN MILAGRO

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

El salto del cultivo del champiñón a Rioja Baja se produjo a mediados de los años cincuenta, cuando el incipiente cooperativismo del mundo del vino dejó sin utilidad muchas bodegas familiares de diversas localidades, entre ellas Autol. A dichos calados se desplazaron las familias pioneras de Logroño para cultivar champiñones porque las cuevas que utilizaban en la capital se contaminaban y necesitaban nuevos espacios. Muchos agricultores entraron a trabajar como mano de obra para los pioneros locales y vieron que aquel nuevo cultivo podía ser un complemento perfecto para su renta. Se lazaron a la aventura y comenzaron a hacer las cosas tal y como las veían hacer a los cultivadores de Logroño.

Poco a poco se fue extendiendo la fiebre del champiñón y otros pueblos como Pradejón o Ausejo se sumaron con nuevos cultivadores que consiguieron la semilla a través de folletos de propaganda que publicó la casa Torrens de Barcelona. Las bodegas o calados vitivinícolas se contaminaban por el propio cultivo y no quedaba otro remedio que realizar construcciones específicas para disponer los cordones de compost y sacar adelante aquellas primeras siembras. La primera obra de estas características la realizó Salustiano Rioja en el barrio logroñés de Varea a mediados de los años cincuenta. Y se fue generalizando este modelo, básicamente entre los cultivadores de Rioja Baja con edificios en forma de arco de hormigón y enterrados en tierra para simular las cuevas naturales donde se llevaban a cabo los primeros cultivos. El compost se elaboraba a mano frente a las propias bodegas con excrementos de caballo y la tierra de cobertura se conseguía de parajes lo más cercanos posibles a cada explotación. Después fue mecanizando la elaboración de la basura a base de remolques repartidores y el compost se colocaba en el suelo de las bodegas formando cordones lineales o caballones. La gran revolución del sector se vivió a mediados de los años setenta con el nacimiento de las cooperativas tanto para la comercialización de los champiñones de forma conjunta entre los cultivadores de cada la localidad como para la elaboración del compost. La primera fue Champra, en Pradejón. Estamos ante una historia de increíble voluntad y esfuerzo por las penosas condiciones de aquellos cultivos. Hoy es uno de los sectores esenciales de La Rioja.