Fuerza auténtica de voluntad

Toda la familia colaboraba en la elaboración del champiñón en los primeros años de su cultivo en La Rioja. /L.R.
Toda la familia colaboraba en la elaboración del champiñón en los primeros años de su cultivo en La Rioja. / L.R.

Un paseo por los orígenes del cultivo de champiñón en Pradejón y sus pioneros

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

El cultivo del champiñón llegó a Pradejón a mediados de los años cincuenta (1954) merced a los hermanos Gil Merino -conocidos como los Conos- cuando compraron una botella de semillas traída desde Barcelona e hicieron su primer cultivo en una bodega de vino del barrio Cuchara. Los inicios, como siempre, no fueron fáciles, pero ante los buenos resultados, compraron más botellas y sembraron 22 nuevas bodegas. En aquella época todo era tan complicado, que hasta la semilla había que conseguirla trayéndola en secreto desde Francia a través de la frontera de Irún.

Uno de los primeros cultivadores de Pradejón recordaba que «el mercado te lo tenías que buscar tú, ese día se cogía pronto por la mañana y sobre las diez salías hacia las fábricas a venderlo, porque en caso contrario se perdía». El destino inicial de los champiñones pradejoneros eran conservas La Emperatriz y Cidacos en Autol, JA'E en San Adrián y Taboada en Mendavia, pero sobre todo La Comuna de Lodosa, que adquiría la mayor parte del champiñón de esta localidad.

Pero no había seguridad, los contratos de palabra a veces no se cumplían y en muchas ocasiones había que rizar el rizo para que no se estropearan los champiñones. Eustaquio, un cultivador pradejonero, en una ocasión, después de ir hasta Zaragoza y no conseguir vender nada, volvió a casa y desesperado los tiró al Ebro.

El destino inicial de los primeros champiñones pradejoneros era 'La Comuna' de Lodosa

A finales de los años sesenta, Ángel Churruca construyó los primeros caños en Majavacas

En las fábricas no había controles de calidad como existen en la actualidad y se descontaba un porcentaje por cada caja de champis para evitar sobrepesos por la tierra que pudieran acarrear.

A finales de los años sesenta y como consecuencia de una inundación que afectó a las bodegas de la familia de los Conos en Pradejón, Ángel Churruca construyó sus primeros caños en Majavacas. Se sabe que estaban formados por un arco de hormigón de unos 2,5 metros de altura por cinco metros de anchura. Otros cultivadores siguieron su estela, entre ellos Ángel Mues, los Popeyes y muchos más. Jesús Vicioso construyó sus primeras once bodegas de arco en 1967, al año siguiente, otras once, llegando a 38 en un espacio bastante corto de tiempo. Julio Lavega Marín construyó en Pradejón junto a su cuñado cinco bodegas en el año 1969, con un proyecto firmado por Arpón y Martínez que tuvo la peculiaridad de redactarse después de concluir las obras. En 1973 edificó otro pabellón dotado de calefacción a través de radiadores. Para comprobar el repunte de los precios, en 1968 la construcción de una nave de caño de 35 metros costaba unas 125.000 pesetas. Cinco años después, construir 22 bodegas del mismo tamaño, además del patio y los gastos de la primera siembra ascendieron a unos cinco millones de pesetas.

Origen de Champra

La primera cooperativa que se puso en marcha fue Champra, en Pradejón. Sin embargo, antes de embarcarse en construir su planta de compostaje, se fundó Champra como almacén de comercialización. Doce champiñoneros, encabezados por Julio Lavega, fundaron un almacén para llevar todos sus champiñones y comercializarlos de manera conjunta. Cada socio puso 25 pesetas de capital para dar los primeros pasos y en la primera junta, celebrada el 15 de marzo de 1976, decidieron comprar una finca para que hiciera las veces de almacén. A finales de aquel mismo año tomaron la decisión de construir su propia planta tras comprobar en diferentes viajes por España los beneficios que reportaba construir una planta de pasteurización. En marzo de 1977 se decidió pedir los créditos necesarios al Banco de Crédito Agrícola (BCA) para su construcción. Dicha entidad ofreció el 80 por ciento del importe total del presupuesto, que era de 16.200.000 pesetas. Primero construyeron las instalaciones físicas de la forma más parecida a lo que habían visto en Cuenca y en la planta de Víter, de Jesús Vicioso, y después compraron toda la maquinaria que este cambio tan radical hacia necesario: compostadoras autónomas de volteo de las pilas de estiércol y ensacadoras para envasar el compost en sacos de capacidad de 20 a 22 kilos. En septiembre de 1977 salieron los primeros sacos, que por sorteo fueron a parar al socio pardejonero Ángel Heras Izquierdo.