FERNANDO Y ANGELINES

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

Las sensaciones se van acumulando en mi cuaderno de bitácora de humilde rastreador de historias gastronómicas emocionantes, de búsqueda de perfiles que nos vuelven del revés a la hora de gestionar nuestras apetencias gastronómicas. La Rioja es una de las regiones más recoletas de la geografía casi inabarcable de la cocina española, pero se ha convertido en los últimos años en una de las referencias por la multiplicación de personas, personajes e historias que han sido capaces de generar, de sueños que se han hecho realidad y de nuevas fórmulas que han convertido en verdad absoluta el dicho latino 'audaces fortuna juvat' (a los osados les ayuda la fortuna).

Uno de esos casos realmente maravillosos es el de Fernando Sáenz y Angelines González, que ayer mismo cumplieron 18 años desde que abrieron 'Della Sera', la heladería más pequeña del mundo y que como una auténtica caja de sorpresas nos depara en cada temporada verdaderas maravillas que llevarnos al paladar y, también, al corazón. La singularidad de su obra gastronómica ha traspasado fronteras, ha roto moldes y destruido prejuicios. Lo más hermoso es ver las riadas de gentes que se enfilan en la puerta del local a esperar su turno para disfrutar del choco-barrica, de la sombra de higuera, del mazapán riojanito o de las lías de vino blanco de don Abel Mendoza. Pensaba que conocía algo de lo que significaba la entrega y la vocación pero me di cuenta de que lo de esta pareja superaba cualquier reto conocido. El trabajo abnegado de pelar a mano miles de naranjas, de atravesar cualquier ruta para descubrir un elaborador o un producto o presentarse en casa de Eneko Atxa, por ejemplo, y compartir todos sus hallazgos con una generosidad que iba y venía entre los dos para dejar boquiabiertos en Madrid Fusión a toda la concurrencia con sus aliños helados. En su obrador hay un lema que dice que los aromas son la puerta de los recuerdos y cualquier trabajo gastronómico de los muchos que han emprendido juntos tiene que ver con su capacidad para ir desentrañando el alma más profunda de cada helado. Me fascina su visión poética de la gastronomía, la inspiración en una tarde de verano, en su alucinante trabajo sobre el vino, con los agraces o el queso de viña. Son un lujo para nuestra gastronomía y todos los que amamos la cocina les estaremos siempre profundamente agradecidos.