La dieta mediterránea, aliada también en verano

Dar vuelta a la dieta con productos frescos y divertidos. :: Sergey A. Khakimulli/
Dar vuelta a la dieta con productos frescos y divertidos. :: Sergey A. Khakimulli

El calor del verano hace más apetecibles los alimentos frescos y romper la rutina en nuestra dieta puede hacer que optemos por sabores nuevos y ligeros

PABLO GARCÍA MANCHA

Desde que en los años cincuenta del siglo pasado Ancel y Margaret Keys comprobaron que la enfermedad cardiovascular en los países mediterráneos no era tan frecuente como en el norte de Europa o en Norteamérica y presentaron su patrón de dieta como la solución, la dieta mediterránea siempre ha sido considerada como patrón dietético prudente y saludable. La identidad mediterránea (desde cualquier punto de vista, pero particularmente desde la alimentación) ha sido una identidad cambiante, más hija de la historia que de la geografía.

Mas información

El Mediterráneo jamás ha sido homogéneo desde el punto de vista cultural. La 'homogeneidad' mediterránea ha sido construida en diferentes momentos y por diferentes actores. Una primera 'construcción', tal y como explica Jesús Contreras Sánchez, del Observatorio de la Alimentación de la Universitad de Barcelona, fue la del Imperio Romano que fue el principal mercado comercial y el motor que estimuló el encuentro de las diversas culturas. Incluso cuando la hegemonía romana se extendió hacia el norte, el Mare Nostrum continuó siendo el centro de los valores culturales y alimentarios: el pan, el vino y el aceite -el régimen mediterráneo inventado por los griegos y transmitido por ellos a los romanos- siguió siendo la referencia principal, la marca de identidad de una economía y de una cultura profundamente ligada al trabajo de la tierra. Tradicionalmente, hasta la década de los 50, incluso 60, para las clases trabajadoras, una buena alimentación era, ante todo, una alimentación nutritiva, es decir, sana, pero sobre todo abundante y saciable («como el pobre, reventar antes que sobre»; «verduras, frutas y legumbres no dan más que pesadumbres»; «carne cría y da alegría»). Treinta años más tarde, la mayoría de la población piensa que «comemos demasiado». La preocupación cuantitativa, el «temor de que no alcance la comida», ha retrocedido. Hoy, la preocupación dominante es cada vez más de carácter cualitativo. Desde los 80, el término más a menudo empleado tanto por las madres de familia como por los dietistas para caracterizar una buena alimentación es equilibrio. Y en verano la alimentación no tiene por qué diferir mucho de la del resto del año, pero las ensaladas con bases de hortalizas, pastas, arroz o legumbres se convierten en protagonistas. Además, la variedad de verduras y de frutas típicas de esta estación hacen que la gastronomía se enriquezca con nuevos colores, olores, sabores y texturas. La dieta mediterránea es una de las más saludables, es abundante en alimentos de temporada y aportan un panorama espectacular en verano. También hay que tener en cuenta que en verano aumentan la necesidades de agua, de ahí que este elemento esté especialmente presente en muchos alimentos y preparaciones que aportan frescor, como las sopas frías, las ensaladas, los asados y salteados de verduras, pescados...

Para tener una dieta sana, equilibrada y variada es necesario que en la despensa tengamos siempre alimentos frescos donde predominen los de origen vegetal como frutas, hortalizas, legumbres, pan, pastas, arroces, patatas, especias o hierbas aromáticas.

La reina indiscutible del verano es la ensalada, dado que es una de las formas más sencillas y rápidas de comer hortalizas y de combinarlas de forma sana y variada. Podemos tomarlas como entrante o como acompañante del plato principal, como refresco entre plato y plato, por la noche e incluso desayunar una ensalada de con frutas. Y es que la fruta es otro elemento fundamental para aportar color y sabor a la ensalada, bien en su versión natural o desecada. El queso y el huevo en pequeñas cantidades también pueden ser un buen complemento. Los aliños pueden ser otro pilar para aportar variedad a nuestras ensaladas, aunque es conveniente apostar por aquellos con menor contenido calórico. El aceite de oliva es el aliado perfecto, acompañado de distintos vinagres o hierbas aromáticas. Las mayonesas ligeras o las salsas de mostaza, yogur o vinagreta son otras opciones sabrosas. Las ensaladas de arroz -blanco o integral- también son ideales para una dieta saludable. Frías o tepladas, con hierbas aromáticas para aportar sabor, con jamón serrano... Las combinaciones son infinitas. Además, puede servir como entrante o guarnición de un plato de pescado o carne.

 

Fotos

Vídeos