Un 'lounge' para relajarse y disfrutar

El equipo del Namasté, con Madalin, Adelina, Daniela y Víctor posando en el establecimiento. :/Jonathan Herreros
El equipo del Namasté, con Madalin, Adelina, Daniela y Víctor posando en el establecimiento. : / Jonathan Herreros

El Namasté ofrece un espacio de sosiego con «platos cuidados y bien presentados»

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Namasté es un término que en el mundo del yoga se emplea como saludo de agradecimiento y respeto. El concepto de 'lounge bar' ofrece un espacio de tranquilidad y comodidad en este establecimiento hostelero situado en el barrio logroñés El Campillo (calle Emilio Pardo Bazán, 5), donde lo mismo se puede tomar un delicioso desayuno con fruta que un apetitoso almuerzo, picar, comer un bocadillo o una hamburguesa, tomar un café o disfrutar de un refresco o una copa. Para ello el Namasté dispone de diferentes espacios tanto dentro como fuera del bar, con rincones recogidos y agradables y una amplia terraza que guarda unos metros a semejanza de la cubierta de un crucero por el Mediterráneo, hasta con cómodas hamacas.

Adelina Ionella Pasare, propietaria del establecimiento, y también gerente del vecino bar Kataleya (calle Concepción Arenal, 13), explica que lo abrió hace tres meses y el nombre de Namasté lo puso «como agradecimiento a la gente que lo ha hecho posible, puesto que en hindú significa que 'mi alma agradece tu alma'; soy consciente de que si ha sido posible es por el esfuerzo y la gente que me ha apoyado». La idea de Adelina es poder ofrecer «un ambiente relajado, sin prisa, a lo que no estamos acostumbrados por el trabajo». Así, por ejemplo, sus desayunos, con tortitas, tostadas, fruta o yogures, son para disfrutarlos sentado «no solo los domingos».

GUÍA

Namasté
Dónde
calle Emilia Pardo Bazán, 5; en El Campillo, Logroño.
Horario
de 8 a 1 horas, de martes a domingo (lunes cerrado).
Instagram
lounge_bar_namaste.
Contacto
600487671.

La responsable del Namasté considera que su establecimiento ofrece ese descanso que necesitamos, un tiempo para nosotros mismos. «Por eso tenemos un espacio 'chill out' en la terraza, para tomar un café o una cerveza en la calle, relajado, con un atardecer que es espectacular», describe Adelina. «El Namasté me da la posibilidad de desarrollar más todo, como los desayunos, porque tenemos tortitas, yogures naturales, rollitos de fruta... Cosas que no se ven todos los días», detalla Adelina. Una de las señas de identidad del Namasté son los columpios, un elemento simpático que transmite calma por el balanceo que procuran al cliente.

Adelina sirviendo unos almuerzos junto a Madalin y unas clientas desayunando tranquilamente. / Jonathan Herreros

Especialidades

Entre las especialidades de la cocina Adelina destaca la hamburguesa Namasté (con rúcula, queso parmesano y tomate), el bocadillo de pechuga con setas y salsa alioli y el cachopo, todo con una cuidada presentación en el emplatado. «Todo el mundo se queda sorprendido, vemos las caras de agradecimiento cuando ofreces un plato cuidado y bien presentado», señala Adelina. Aunque lleva poco tiempo abierto, el Namasté ya ha logrado hacerse con una clientela fija, por lo que su responsable se muestra satisfecha. «Somos conscientes de que estamos formando plantilla, pero mientras que entre semana trabajamos más relajados, el fin de semana tenemos mucho ajetreo con veinte mesas de terraza. El personal lo da todo», asegura Adelina.

Quizá sorprende que un 'lounge bar' como el Namasté se encuentre en una zona como el barrio El Campillo, y responde a la trayectoria paralela de su responsable en el bar Kataleya, un concepto distinto de hostelería. «Siempre ha sido mi ilusión tener un bar porque siempre he trabajado en esto. Lo intento hacer bien y me gusta, no sufro, aunque todos tenemos días malos, pero al día siguiente te levantas con alegría y ganas de que todo vaya bien», confiesa Adelina.