Steak-Tartare y patata frita.

Cocinar con el corazón

Nacho Solana y la riojana Noelia Hermosilla triunfan en Cantabria

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHA Logroño

El restaurante Solana (una estrella Michelin) es uno de esos enclaves mágicos de la gastronomía española. Rodeado de montañas, se asoma -a un paso del santuario de La Bien Aparecida- al valle del río Asón, que desciende caprichoso hasta el mar en Colindres desde la lejana Peña de Azalagua. La casona del restaurante funciona como dos pulmones que alimentan una cocina desde la que se bombean las mesas de la gastronomía creativa de Ignacio Solana y el bar del pueblo, con su barra de madera oscura, su recuerdos en las paredes y al fondo, el despacho de doña Begoña Pérez, la madre y el alma de uno de esos restaurantes donde se respira pasión y mimo por el producto. Y es un despacho donde atiende a parroquianos y a los pequeños proveedores que marcan la diferencia y el carácter esencial de esta casa.

Ignacio Solana es el chef, campeón de la mejores croquetas del mundo con una receta inspirada por su madre, y a su lado siempre, Noelia Hermosilla, sumiller y jefa de Sala, además de riojana de Cenicero y alumna de la Escuela de Hostelería de Santo Domingo de la Calzada. Perfecta conjunción de un cocinero que refleja su personalidad en cada plato y el servicio de un espacio amable y lleno de luz en el que Noelia trabaja con discreción, encanto y esa amabilidad absolutamente alejada de cualquier corset.

  • Restaurante Solana

  • Ubicación La Bien Aparecida Nº 11, 39849 Ampuero (Cantabria).

  • Telf 942 676 718.

  • www restaurantesolana.com

El menú degustación del Otoño tiene diecisiete pases y supone un recorrido por el alma de la cocina cántabra contemporánea con muchos de sus productos icónicos, como la anchoa, el bocarte, el mejillón o esa media verónica en forma de Cocido Montañés actualizado pero igualmente suculento y profundo. Una delicia sutil que tiene su cumbre en un plato sencillamente memorable: la yema de huevo campero de Asón, con una carbonara verde, con enoki y trufa, un platazo que por sí solo define el espíritu de un cocinero con los pies en su tierra cántabra pero absolutamente abierto a la aventura sosegada y sostenida por la búsqueda del sabor. Una delicia total, fresca y limpia.

La croqueta campeona del mundo es una locura, como algo tan radical en su sencillez como el bocado de Compagno, con un punto deliciosamente picante. Los callos con carabineros también son memorables y la alcachofa confitada.... Una delicia absoluta en un restaurante al que hay que volver.