Cuidado con los precios

Carlos Maribona
CARLOS MARIBONA

He seguido estos días un interesante debate en las redes sociales (sí, a veces en las redes se encuentran cosas que valen la pena) sobre el creciente incremento de los precios en los restaurantes, un fenómeno que se está dando especialmente en Madrid pero que ya tiene repercusión en toda España. Es cierto que en las últimas semanas se registra un disparatado aumento del precio de las materias primas, que suministros esenciales como la luz se mueven en cifras nunca vistas que parece que van para largo, o que tras el parón del covid los alquileres han vuelto a dispararse. Circunstancias todas que afectan muy directamente al sector de la hostelería y a sus costes.

Pero también es cierto que, como escribía en Twitter un conocido gourmet que no escatima precisamente en sus visitas a los restaurantes, «en poco tiempo hemos pasado de un ticket medio de entre 60 y 90 euros por persona a otro de entre 120 y 150. En los últimos días he tenido más de cuatro comidas entre 200 y 300 euros persona y eso nos acerca ya a precios de París o Nueva York». Está claro que nuestros grandes restaurantes son más baratos que los de otros importantes lugares del mundo, pero poco a poco la diferencia se reduce mientras que los salarios se van alejando.

No está la economía muy boyante, pero sin embargo la actividad en el sector gastronómico, principalmente el madrileño, recuerda a la de aquellos años en que todos consumíamos con la alegría de nuevos ricos. Hay, sí, aperturas de sitios sencillos cuya única aspiración es dar bien de comer, pero también se multiplican ambiciosos proyectos sustentados en costosas inversiones. Proyectos millonarios que han traído a Madrid a triestrellados como Quique Dacosta o Jesús Sánchez, que abrirá en los próximos días, o que responden a grupos sustentados por fondos de inversión.

¿Hay sitio para todos? ¿Hay dinero para pagarlo? Todo indica que estamos entrando en una burbuja que en algún momento acabará estallando por exceso de oferta y por falta de público dispuesto a pagar precios exorbitantes. No olvidemos que cuando vienen mal dadas, y la actual situación económica no invita al optimismo, al menos a corto plazo, lo primero de lo que prescinde la mayoría de la gente es de esas comidas en sitios de postín.

Cierto que para muchos restaurantes los márgenes se estrechan peligrosamente, pero cuidado con los precios.