Y El Comidista volvió a La Rioja

Y El Comidista volvió a La Rioja

Paseo culinario, festivo y sentimental por las referencias gastronómicas de su infancia riojana

Jorge Alacid
JORGE ALACIDLogroño

Los hermanos López Iturriaga (Juanma, baloncestista de élite, esforzado palomero en las canchas, presentador y showman, y el pequeño Mikel, alias El Comidista) suelen confesar en cuanto alguien les pregunta (o en ocasiones, sin que nadie se tome esta molestia) su predilección por La Rioja. No es de extrañar. Su padre, el señor López era riojano y adiestró por lo tanto a su prole en las bonanzas de la dieta local, muy rica en chacinería y otros guisos, regados por los exquisitos vinos de la tierra. Tampoco debe extrañar por lo tanto que sus hijos, que salieron así de bien educados, profesen devoción confesa por esos imbatibles platos que nacen de los mejores fogones riojanos y corroboran la excelencia de sus casas de comidas. Lo cual nunca está de más recordarlo. Justo lo que acaba de publicar el ideólogo de El Comidista allí donde hoy es norma: en las redes sociales.

El navegador que curiosee estos días de penitencia por el éter habrá tropezado con el detallado relato de otra navegación: la protagonizada por López Iturriaga por algunas aconsejables referencias culinarias de La Rioja. Empezando por La Vieja Bodega de Casalarreina, ejemplar establecimiento, donde El Comidista hincó sus rodillas ante un estupendo plato de legumbres: «Sin límites con las pochas». Luego de este anuncio, mientras proclama su amor por el restaurante que gestiona Ángel Pérez Aguilar, prosigue su ruta en buena dirección: hacia los dominios de Francis Paniego en Ezcaray. Desde donde comparte la buena nueva: «Las croquetas, las alcachofas, los espárragos, las pochas... Todo excelente en @hotel_echaurren de @francispaniego, pero estas manitas de cerdo se llevan el número uno».

Amén. Siguiente estación de este gozoso viacrucis, Logroño. Con una doble y suculenta penitencia: los espárragos de El Rincón de Alberto («No sé si he comido algo en 2019 que me haya dado más placer que estos espárragos. Una auténtica pasada») y la ensalada de El Soldado, etapa de un itinerario sentimental que desvela en estos términos: «El Soldado de Tudelilla era uno de los sitios favoritos de mi padre, riojano de pro que adoraba sus ensaladas de tomate. No sé si seguirá siendo tan bueno como hace 40 años, pero debo decir que la ensalada y el capricho de sardina con guindilla que hemos tomado estaban francamente bien».

Amén de nuevo. Nada se le puede reprochar al caballero Iturriaga de sus andanzas riojanas. Se nota que sabe el terreno que pisa. Que es tanto una ruta festivo-gastronómica como un regreso a este territorio tan confortable, al que todos alguna vez nos abandonamos. El país de la infancia y la adolescencia. El territorio de las emociones. Que a menudo caben en un platillo de ensalada, servido con un porrón, de una ciudad llamada Logroño donde de pequeño le enseñaron una lección inolvidable: que somos lo que comemos. Y que nos debemos al legado paterno, siguiendo sus propios pasos. Sobre todo, si conducen hacia cierta bodeguilla de la calle San Agustín.