LAS CIFRAS DE NUESTRA GASTRONOMÍA

CARLOS MARIBONA

Ya sé que esta ha sido la semana de Madrid Fusión. Pero del congreso han tenido cumplida cuenta en este periódico, incluida la que para mí fue decepcionante intervención de Ferrán Adriá, decepción inversamente proporcional a la expectación generada.

Sin embargo, durante su ponencia se refirió a un informe publicado la pasada semana por la consultora KPMG titulado 'La gastronomía en la economía española' en el que se asegura, con toda clase de datos y de opiniones de expertos, que España es una potencia gastronómica en el mercado internacional. Según este informe, la competencia vía precios ha ido dando paso a una búsqueda de más calidad, lo que ha permitido posicionar algunos productos gastronómicos españoles en la franja premium del mercado internacional y a algunos de sus restaurantes entre los mejores del mundo. Las cifras son apabullantes.

La gastronomía supone para nuestro país nada menos 388.159 millones de euros, lo que equivale al 33% del PIB, y da empleo a casi el 20% de los trabajadores españoles. Es cierto que en estos datos hay una cierta trampa ya que entiende esta actividad en su sentido más amplio y por tanto incluye la producción agrícola, ganadera y pesquera, con un peso importante en las exportaciones, la distribución alimentaria, el turismo asociado y la hostelería. Pero aún así son cifras que deberían tener en cuenta nuestros políticos, que tantas veces minusvaloran un sector fundamental. Simplemente un dato, los turistas que aducen motivos gastronómicos para visitarnos superan ya el 15% del total, y en su conjunto, una de las cosas que más valoran cuando vuelven a sus países de origen es, precisamente, la comida.

No hace mucho tiempo Joan Roca me decía en una entrevista que este es un fenómeno muy serio «que atrae a numerosos turistas gastronómicos, pone en valor nuestros productos, proyecta una imagen muy positiva y consigue unos ingresos para España. Es hora de que la gente empiece a creer en este fenómeno».

El informe de KPMG viene a reforzar esa idea y a llamar la atención a quienes deben tomar decisiones. Desde hace un tiempo, la gastronomía contribuye, como pocas otras actividades, a reforzar la marca España. Pero han sido los propios cocineros quienes han tenido que ir, de manera individual, abriendo puertas. Y de paso abren camino en los mercados internacionales a nuestros productos de alta calidad, desde el aceite de oliva virgen extra y el jamón ibérico hasta los vinos o las conservas que ellos enarbolan como bandera. Algo nada desdeñable en cualquier momento, pero especialmente en tiempos de dificultades económicas.

 

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