Horno Arguiñano elabora su bollería cada día con las mejores materias primas. / Fernando Díaz

La bollería fresca, opción más saludable

Pastelería. En Horno Arguiñano apuestan por unos productos elaborados a diario y con ingredientes de primera calidad

REDACCIÓN

La bollería es uno de los productos más demonizados de los últimos tiempos. De unos años a esta parte, uno de los pilares básicos de la dieta (especialmente infantil) y de la lucha contra la obesidad parece ser eliminar la bollería. Pero casi siempre se habla de la bollería nociva para la salud, la de grasas saturadas, la bollería industrial, muy distante de la que se elabora en muchos de los hornos y obradores artesanos, y muy lejana de la propuesta diaria que se elabora cada madrugada en Horno Arguiñano, en Logroño.

Eduardo Villar señala que en su panadería se preparan cada día croisants, caracolas de chocolate o de pasas y nueces, napolitanas de chocolates, berlinas, bombas de nata, susos de crema, brazchel de hojaldre... que en algunos casos se venden desde el mostrador de Horno Arguiñano y en otros tienen como destino bares, cafeterías o incluso el buffet del desayuno de algunos hoteles de la capital riojana, «a los que cada mañana repartimos a las 6 para que todo esté listo para cuando abran el salón de desayuno», señala Villar. Incluso algunas residencias de ancianos optan por esta bollería durante el fin de semana, para desayunos más especiales, por lo que cada sábado salen del establecimiento logroñés de la calle avenida de la Paz remesas con cientos de berlinas, caracolas... para los mayores que viven en residencias.

«Nosotros nos decantamos por la mantequilla, ni siquiera usamos la margarina»

Estos productos, señala Eduardo Villar, «no tienen nada que ver con la bollería industrial» que sí es más nociva, y añade: «Nosotros la hacemos cada día, es bollería fresca, y optamos por las mejores calidades. Además de la harina y otros ingredientes de calidad nosotros utilizamos la mantequilla. No digo ya la manteca de cerdo que es lo más barato, es que nosotros ni si quiera optamos por la margarina. Entendemos que hay que optar por los mejores materiales y por eso elegimos la mantequilla», explica Villar.

«Algunos hoteles reciben nuestra bollería fresca para su desayuno cada día a las seis de la mañana»

Demanda creciente

La bollería fresca es un producto al alza, según reconoce el propietario de Horno Arguiñano. «La gente cada vez le da más importancia al desayuno, y hay diferentes tendencias». Esa es la razón también por la que unos establecimientos hosteleros se decantan por una bollería del tipo croisant, caracola, etc y otras por susos rellenos de crema o bombas de nata, por ejemplo. Aunque también reconoce que el gran enemigo de esa bollería siguen siendo las piezas congeladas, mucho más nocivas para la salud por su composición.

Villar admite que el de la bollería es todo un mundo, «al que le va mejor el frío porque invita a consumir más» y que hoy por hoy –al menos en su establecimiento– «las berlinas son las reinas. Sin duda, es lo más demandado».

«En la bollería cabe poca innovación porque la gente se decanta casi siempre por lo tradicional»

Eduardo Villar –que acaba de ser galardonado por el Club de Marketing de La Rioja con el premio Mercurio a la innovación– reconoce que en la bollería no cabe demasiada innovación: «Se puede innovar y se pueden hacer cosas nuevas, el problema es que la gente siempre tiende a lo de siempre. Es curioso porque nosotros hacemos un pan nuevo, y la gente lo pide aunque solo sea para probarlo. Sin embargo, si nosotros elaboramos algo de bollería nuevo, la gente no lo prueba, prefiere lo de todos los días, se decanta por lo tradicional», señala el propietario de Horno Arguiñano.

Y esa tendencia se hace extensible también a la hostelería: «Cada bar o cafetería ha hecho ya a su clientela a una determinada bollería. Está acostumbrada a un producto y no quiere que se lo cambien», comenta. «Hay establecimientos –añade– que siempre nos piden bizcochos caseros, y eso es lo que sirven siempre y lo que a ellos les piden siempre sus clientes porque están acostumbrados a eso. Ellos no quieren otro tipo de bollería sino la que consumen cada día».