Por San Blas, rosquillas comerás

En el Horno Arguiñano las rosquillas se bañan con merengue y las hay hasta de chocolate rosa. /Miguel Herreros
En el Horno Arguiñano las rosquillas se bañan con merengue y las hay hasta de chocolate rosa. / Miguel Herreros

Reposteros riojanos ofrecen las claves del dulce más típico de estas fechas

IÑAKI GARCÍALogroño

Hagamos un viaje en el tiempo para trasladarnos a finales del siglo III y principios del IV. Allí nos encontraremos con un hombre, obispo de Sebaste y médico de fama reconocida. ¿Sus méritos? Su alta capacidad para sanar enfermos, sobre todo aquellos que padecían problemas de garganta. ¿Quién era? San Blas, aquél a quien, ya en el presente, se le honra el 3 de febrero y ése que pone nombre al dulce más típico de estas fechas, con forma de roscos o rosquillas.

Esta tradición se extiende por muchísimos rincones de la geografía española y, como consecuencia, las recetas de elaboración de dichas rosquillas son muy variadas. «En cada lugar, las hacen de una manera diferente», expone Eduardo Villar, de Horno Arguiñano. En concreto, en Logroño la base suele ser la misma en los establecimientos donde se comercializan. «Se hace una masa con aceite de girasol, huevos y harina», enumera David Nicolás, de Ramflor.

Ése es el comienzo y, a partir de ahí, como sucede con infinitas elaboraciones, cada maestrillo tiene su librillo. «Nosotros, por ejemplo, hacemos dos tipos de rosquillas diferentes, las tradicionales a las que se les llama huecas y otras que son tipo mantecado», cuenta José Palmi, encargado de El Otro Costal. «Las terminaciones de las dos son muy similares porque las sumergimos en un glaseado de merengue», añade. «Aunque últimamente también nos las piden mucho con chocolate blanco y chocolate con leche», remata.

Precisamente, en esas terminaciones es donde suelen aparecer las diferencias. «Nosotros las bañamos en una especie de merengue y también se puede hacer con chocolate o incluso con chocolate rosa», expone Eduardo Villar. En el caso de Ramflor, tres son los tipos de rosquillas de San Blas que encuentran sus clientes. «A la tradicional le damos un baño de anís y para los amantes del dulce las tenemos también con chocolate con leche y chocolate puro», relata David Nicolás.

Sea cual sea la receta, el resultado final es un producto que ha logrado mantener su fama generación tras generación. «Hay mucha gente que espera con ganas esta parte del año para poder comprar las rosquillas», asegura José Palmi. «Si se hacen en pastelería, el repostero buscará lograr un producto crujiente y esponjoso y si se elaboran en cualquier otro lugar, el objetivo será que aguanten», especifica Eduardo Villar.

En cuanto a su disponibilidad, las rosquillas de San Blas no se hallan durante todo el año en las pastelerías y panaderías. «El tema de los dulces suele ir muy vinculado a la religión», expone Villar. «Sucede algo parecido al roscón de Reyes», apunta Palmi. De hecho, suelen aparecer en las vitrinas pocos días después de que Sus Majestades llenen de regalos las casas y desaparecen una vez superado el 3 de febrero. Entonces, mucha gente sigue otra tradición que rodea a este producto. «Las compran y después las llevan a bendecir», afirma David Nicolás.

Con chocolate o sin él, con anís o con merengue, bendecidas o no, este dulce es el más solicitado en estas fechas porque, además de ver a la cigüeña, por San Blas, sabrosas rosquillas comerás.

 

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