ALTA COCINA DE LOS PUEBLOS

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

La Rioja gastronómica está repleta de grandes/pequeños acontecimientos que llenan de propuestas e ideas las agendas hasta ahora durmientes. Hace unos días vivimos en Ezcaray algo sencillamente extraordinario de manos de Francis, la familia del Echaurren, el recuerdo de Marisa y el encuentro entre dos de las cocinas más interesantes de las muchas que pueblan España: la gigantesca de Andalucía y nuestra recoleta riojana. Fue una experiencia inolvidable. Este lunes, en Daroca de Rioja, nos vamos a adentrar en Cocinas de Pueblo, un nuevo encuentro donde el debate gravitará en torno a la relación que se establece entre los pequeños productores artesanos y auténticos y los cocineros de aldea que han decidido ubicarse en un espacio que está al margen de los grandes circuitos. Es decir, qué se generan de unos a otros y cómo entre ambos cierran buena parte de un círculo sin el cual muchos pueblos estarían condenados al ostracismo. El periodista Fernando Gallardo, en 'Conversaciones Heladas' ofreció datos sobre la España rural: «El 4,3 por ciento de la población española vive hoy en el entorno rural. En 1900 era un 97,9 por ciento. El medio rural se está despoblando y eso provoca que el turismo rural esté en decadencia». Pero puede haber una esperanza: «La gastronomía puede ser capaz de convertirse en el vínculo cultural, tecnológico y diferencial con el medio rural. El estímulo que necesitan los nuevos viajeros para moverse». Y en ese punto aparecen restaurantes como Venta Moncalvillo y otros muchos, tanto en La Rioja como en el resto de España que toman la decisión de quedarse y motivar el entorno en el que nacen. Éste será el hilo conductor de Cocinas de Pueblo, un diálogo apasionado entre viticultores, apicultores, artesanos, agricultores y cocineros. Una alianza que se antoja definitiva y necesaria para poder dar sentido a un restaurante encaramado en un lugar al que hay que desviarse con el coche para llegar y el trabajo de alguien que ha decidido quedarse en un pueblo o en un entorno rural para elaborar productos que sólo se pueden encontrar ahí. Una vez que se ha dado el paso es necesario encontrar la respuesta en el cliente, en la persona que aprecia el producto y la elaboración, el calor y el trato tan especial que se dispensa en restaurantes que, además, son verdaderos maestros de la alta cocina contemporánea, la que se hace en los pueblos.