SOÑAR EN VOZ ALTA

PABLO GARCÍA MANCHALogroño

Como las cosas son difíciles llegan mucho más al alma conseguirlas. La cocina puede ser una acción compleja y dura, sostenida en el tiempo, de pura cabezonería, de empeño a duro huevo. A Félix Jiménez le dijeron que estaba loco si pretendía vivir -mejor dicho, sobrevivir- con un restaurante japonés de diez plazas en la calle María Teresa Gil de Gárate. Y vaya que está loco, cada paso que ha dado desde mucho antes de la apertura le ha servido para refrendar que aquella pasión incontenible y juvenil estaba cargada de sentido. Ha estado en abril en Japón rebuscando ideas e historias, recopilando técnicas y sensaciones para mejorar al máximo la oferta gastronómica del santuario en el que ha convertido Kiro, un lugar en el mundo de necesaria peregrinación para los amantes de la culinaria del sol naciente. Cada paso que ha dado por los locales japoneses trae una nueva idea para su trabajo en La Rioja. El año pasado fue el punto del arroz, este año las temperaturas del arroz y los pescados y la maduraciones. No es fácil ponerse en su piel. Yo, en mi supina ignorancia, le pregunté al poco tiempo de abrir Kiro si no se aburría de hacer siempre lo mismo. Me miró a los ojos y me dijo que era imposible caer en el tedio cuando lo que se persigue es la perfección: «La filosofía pura japonesa es lograr cada día hacer mejor las cosas, lograr la pureza en cada paso. Por eso es imposible caer en el aburrimiento, todo lo contrario, cada día es un nuevo desafío y eso sólo se consigue implicándose emocionalmente al máximo. Me gusta y amo este trabajo», me espetó. Y yo le creí no por la fe sino por la fuerza de los hechos, por la pasión desatada, por el compromiso que tiene con los clientes y con su propia esencia de cocinero y persona.

Y digo todo esto porque en estos tiempos de absoluta banalización de la gastronomía, donde da la sensación de que todo está condenado a ser un espectáculo, encontrar una verdad tan poderosa como la de Félix Jiménez te reconcilia con el oficio de cocinero, con lo que supone, además, implicarte en un proyecto personal y hacer de él un camino de crecimiento, una responsabilidad máxima con tu futuro y con la satisfacción de los clientes.

Félix es una rara avis, lo sé; es irrepetible porque su proyecto es tan distinto que no se puede copiar. Sin embargo, sí se puede replicar su voluntad de mejora, su amor por el trabajo, su deseo de lograr la máxima satisfacción para sus clientes. Dirán que está loco, pero en realidad lo que hace es soñar en voz alta.

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