Saber y sabor del tiempo

El fardelejo, tan sencillo e histórico como exquisito y dulce. /Justo Rodriguez
El fardelejo, tan sencillo e histórico como exquisito y dulce. / Justo Rodriguez

El fardelejo es la gastronomía del golmajo riojano, la herencia de la dulzura musulmana

PABLO GARCÍA MANCHALogroño

El fardelejo de Arnedo es la gastronomía del golmajo, la herencia de la dulzura con la que impregnaron los musulmanes nuestra cocina en tiempos de cantares de gesta, en los años en los que La Rioja era tierra de frontera y casi todo quedaba impregnado por la cultura de los pueblos que dejaron su huella indeleble en el humus de nuestro ser más profundo. La mayoría de fuentes bibliográficas explican que el fardelejo comenzó a producirse entre los siglos IX y X en esta localidad de La Rioja Baja, introducido por los árabes, aunque podría tener orígenes hebreos más antiguos. Los textos históricos reconocen que los árabes usaban este postre para obsequiar a los señores. En la actualidad, los arnedanos tienen la sana costumbre de agradecer cualquier favor regalando una caja de fardelejos, es decir, los tiempos cambian pero algunas de las mejores costumbres se mantienen intactas y la gastronomía da buena fe de ello.

Hojaldre relleno

El fardelejo se crea a partir de un hojaldre relleno de almendras, azúcar y huevo, ingredientes todos ellos cien por cien naturales, sin conservantes ni colorantes. Se compone de una lámina de hojaldre muy fina, que se elabora con manteca de cerdo, harina, agua y sal, y de una pasta interior a base de almendra, azúcar y huevo. Esta pasta dulce es el relleno del hojaldre que posteriormente se fríe para dar como resultado un pastel de textura crujiente, suave, agradable y por supuesto dulce.

El fardelejo comenzó a producirse entre los siglos IX y X en La Rioja Baja

El fardelejo se crea a partir de un hojaldre relleno de almendras, azúcar y huevo

Elaboración

Para su elaboración basta con utilizar la almendra rallada sin piel mezclándola en partes iguales con azúcar y rebajándola con huevos hasta conseguir una masa espesa. Con una cuchara se deposita la pasta de almendra en los rectángulos de hojaldre que habrán de envolver el contenido, cerrando los bordes con sumo cuidado.

El hojaldre, por su parte, se elabora vertiendo en una cazuela una mitad de manteca de cerdo y otra mitad de agua, y se coloca sobre el fuego. Cuando el estado ya es líquido se le va añadiendo la harina, sin dejar de remover hasta obtener una masa suave, aunque consistente, a la que se le habrá puesto un poco de sal. Finalmente se compone el fardelejo para freírlo en aceite.

Historia y regalo

Se cuenta que los propios árabes fueron los que lo llamaron así por 'fard', que significa muesca y que está directamente relacionada con las ondas o muescas con que se 'remachan' los laterales exteriores de este delicioso pastel. En la web de la firma de fardelejos Miguel Solana se relata una curiosa historia: «Por ser un producto tan exquisito, los árabes de los territorios reconquistados obsequiaban con él a sus nuevos señores, los jefes cristianos, pasando el nombre 'fard' (por derivación, farda-alfarda) a significar 'rendir obsequio o atenciones por respeto o interés', forma aún utilizada en algunas comarcas españolas». Los ingredientes del fardelejo son manteca de cerdo, agua, harina floja, sal y aceite de oliva para la masa y almendra molida, huevos y azúcar para el relleno.

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