Degusta

La mano cítrica de Buda

La mano de Buda destaca por su más que curiosa forma.
La mano de Buda destaca por su más que curiosa forma. / L.R.
  • Uno de los frutos más curiosos, por su forma y su agradable aroma

Se trata de uno de los cítricos más curiosos que existen. En Japón y en China se usa como planta aromática y es una ofrenda típica de los templos budistas. De hecho, se dice que este limón con forma de mano alcanza su clímax cuando ésta parece cerrada, porque es en ese momento cuando imaginamos al profeta rezando.

El origen de estos limoneros con frutos de extraña fisionomía se encuentra en el noroeste de la India, de donde es típico, aunque también es posible que fueran los monjes budistas quienes lo llevaran allí procedente del sur de China. Ellos los cultivaban en sus monasterios como símbolo de la felicidad, la riqueza y la longevidad y acostumbraban a ponerlos en tablas sobre los altares, a modo de ofrenda y abiertos por la mitad, aprovechando así sus propiedades aromáticas. Según los budistas el estado ideal de la mano de Buda es cuando sus dedos apuntan hacia abajo, porque es entonces cuando las manos están cerradas, símbolo del acto ritual de la oración.

Algunas fuentes aseguran que la mano de Buda pudo ser el primero cítrico que llegó a Europa gracias a las tropas de Alejandro Magno, que fascinadas por su curiosa forma quisieron llevarla con ellos allá por donde pasaban. Después se dieron cuenta de las propiedades medicinales de la planta, mucho más prácticas. La mano de Buda comenzó entonces a usarse como digestivo, expectorante y tónico. Con el paso del tiempo su aroma fresco y agradable, inconfundible e intenso, pasó a ser el principal valor de este fruto, usado desde la antigüedad para la elaboración de perfumes y cosméticos.

Fueron los romanos quienes documentaron por primera vez la existencia de este limón con extraños brotes en su parte inferior que parecía un pulpo.

De otoño

Normalmente los frutos conocidos como mano de Buda se recogen en otoño y, a diferencia de los de otros cítricos, éstos no sobreviven durante mucho tiempo. A pesar de eso su reproducción es bastante sencilla rara vez se reproducen por medio de semillas. Habitualmente lo hacen mediante esquejes tomados de ramas de ejemplares maduros injertados en naranjos y pomelos. Es así como el cultivo de la Mano de Buda se ha ido extendiendo en los últimos años, aunque esto hace que los ejemplares sean cada vez más pequeños.

A pesar de eso, hay que ser cauto con estos esquejes: no deben podarse durante los dos primeros años de vida y en ellos hay que ser especialmente cauteloso con los minadores de hojas de los cítricos (Phyllocnistis citrella), las cochinillas, los piojos blancos, la mosca blanca, la mosca de la fruta, las arañas rojas y los pulgones. También es sensible a los hongos, por lo que es recomendable aplicar fungicidas.

Al igual que la mayoría de los cítricos la Mano de Buda no requiere cuidados especiales en su cultivo, aunque sí hay que tener en cuenta si queremos tener un ejemplar en nuestro jardín o huerto una serie de precauciones, como protegerlos del frío y mantener una humedad y una iluminación constante, ya que el árbol es especialmente sensible a las heladas al calor intenso y a la sequía. A pesar de su origen asiático, zonas como el sur de California y los valles interiores en general se consideran ideales para su cultivo. En España, Levante y Andalucía serían los lugares ideales para plantar esta especie.

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