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Frutos del mar, salud y bienestar

Del mar, salud y bienestar
  • Consumo Los pescados se incluyen en el grupo de alimentos recomendados semanalmente, pero su consumo en España desciende año tras año, pese a ser el principal puerto europeo

Resulta contradictorio que España, primer mercado pesquero de la Unión Europea (UE), está reduciendo el consumo mientras que en otros países comunitarios está aumentando. En 2015, los productos pesqueros representaron el 3,9 % del volumen de la alimentación de los españoles y el 13,4 % del gasto, con un desembolso anual de 200 euros por persona.

En estos momentos, un español come unos 26 kilos de pescado y de marisco al año en casa, cifra que sube a 36 kilos/cápita si se tienen en cuenta también los restaurantes, según datos aportados por el Ministerio de Agricultura. Los datos que existen hasta ahora indican que los niños acceden cada vez menos al pescado, porque en los hogares es más fácil preparar otros alimentos como empanados, cárnicos o pasta. También está descendiendo entre las personas mayores, por miedo a las espinas; entre los adolescentes, los jóvenes en edad universitaria y de primeros empleos; por el contrario, el segmento de población entre 50 y 70 años sí lo consume.

Existe, por tanto, un problema que parece haberse detactado: desde hace 4 ó 5 años, la ingesta de pescado y marisco sigue bajando y no se recupera. Además, llama la atención una gran paradoja en el consumo de pescados en España: desde hace años la información, la elaboración y la presentación de los productos pesqueros ha mejorado enormemente pero el consumo no acaba de levantarse.

El pescado sobresale entre los demás alimentos por el contenido de nutrientes que suele hacer falta en la dieta de muchas personas, como la vitamina D, el yodo o los ácidos grasos omega 3.

Aunque casi todas los tipos de pescado son saludables y aportan nutrientes en grandes cantidades, la verdad es que hay un tipo de pescado que sobresale entre los demás.

El pescado graso, que incluye especies como el salmón, la sardina, la trucha o el atún, se caracteriza por tener más omega 3 y vitamina D que otros tipos de pescados.

Una dieta sana y equilibrada, que sea capaz de reportar efectos positivos sobre la salud, requiere gran variedad de alimentos entre los que debe estar presente el pescado. De hecho, para la dieta mediterránea, en la que se contempla el consumo generoso de verduras, hortalizas, frutas, cereales como el arroz y productos que derivan de los cereales (pan y pastas), frutos secos, legumbres, lácteos y aceite de oliva, el pescado constituye una pieza imprescindible. Las propiedades nutritivas de los pescados le otorgan a estos alimentos efectos beneficiosos para la salud, por lo que su ingesta, dentro de una alimentación sana y equilibrada, constituye un modo de prevenir la aparición de ciertas dolencias. Las innumerables especies de pescado a las que se tiene acceso, las múltiples posibilidades que ofrece en la cocina, junto con sus características nutritivas, convierten al pescado en un alimento indispensable en la dieta y recomendable en todas las edades y en las distintas etapas fisiológicas (infancia, adolescencia, embarazo, lactancia, edad adulta y vejez). Eso sí, el buen hábito en la dieta alterna el consumo de pescados con otros alimentos proteicos de origen animal o vegetal.

Tipos de pescados

Los pescados poseen propiedades nutricionales que los convierten en alimentos fundamentales dentro de lo que se considera una alimentación equilibrada y cardiosaludable. No sólo disponen de proteínas de excelente calidad, sino que además presentan un perfil de lípidos más saludable que el de otros alimentos también ricos en proteínas, como las carnes. Además, el consumo de pescado, y en concreto de pescado azul, puede mejorar los síntomas de algunas enfermedades y contribuir a la prevención de otras, entre las que destacan las cardiovasculares.

El contenido calórico de los pescados es relativamente bajo y oscila entre 70-80 Kcal por 100 gramos en los pescados magros y 120-200 Kcal por 100 gramos en los grasos o azules, por lo que constituyen una buena opción para formar parte de la alimentación de personas con exceso de peso. No obstante, este contenido calórico se puede incrementar según el modo de cocinado. Por ejemplo, si un pescado blanco, y por lo tanto de bajo contenido graso, como la merluza se cocina frita o rebozada, su contenido graso y calórico aumenta; mientras que si se cocina al horno, a la plancha o en el microondas con poco aceite, el aporte energético apenas se incrementa.

Por lo general, los pescados azules o grasos se cocinan asados o a la plancha debido a que la grasa en su carne hace que no se resequen durante el empleo de estas técnicas culinarias. Así se obtienen pescados sabrosos y jugosos sin que se eleve su contenido energético.

En relación a los micronutrientes, el pescado constituye una fuente aceptable de vitaminas del grupo B, además, el pescado graso contiene una importante cantidad de vitaminas liposolubles en la parte comestible, especialmente vitamina A y vitamina D, mientras que en el pescado blanco esas vitaminas se acumulan en el hígado. Se considera una fuente valiosa de minerales como el calcio y fósforo así como también de hierro y cobre.

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