LA RIOJA ES GASTRONOMÍA

PABLO GARCÍA-MANCHA - TENDENCIAS

El turismo se ha convertido en uno de los principales ejes del debate riojano desde el momento en el que el chef Francis Paniego puso sobre la mesa el desplome de los datos de viajeros extranjeros y la necesaria reflexión de todos los organismos implicados en el asunto. Yo carezco de varitas mágicas (todo el mundo sabe que ellas están sólo al alcance de los que elaboran los programas electorales, verdaderos prontuarios de la nada, por cierto), pero creo que la gastronomía debe ser uno de los puntales esenciales para exportar la imagen de La Rioja por el mundo. La gastronomía no es sólo cocina, básicamente porque es todo. Gastronomía es vino, producto, sabor, encuentro, calidad, conversación, sostenibilidad, apego a un territorio, construcción de un marco; en el mundo gastronómico se resumen prácticamente casi todas las esferas de la generación de riqueza y el placer de vivir. La Rioja es un enclave tan privilegiado como en muchas cuestiones desorganizado. Tengo la sensación de que se ha trabajado a impulsos, sin crear un marco en el que estén unidos y reflejados los intereses de todos los subsectores: bodegas, agricultores, viticultores, hosteleros, hoteleros, ayuntamientos, consejerías, empresarios del sector y demás agentes que de una u otra manera intervienen en un universo tan prometedor como desarticulado. La Rioja es un paraíso, sin duda, pero merece mucho más de lo que le hemos sido capaz de dar. Miro alrededor, veo como otras regiones hablan de su sabor, de sus productos y me desespero un tanto a sabiendas que en los algo más de cien kilómetros que componen el cabo a rabo de esa región existe un profundo galimatías, una sensación de que la hemos convertido en una especie de pulpo en la que cada cual tira de su patita (con la mejor de las voluntades), pero sin tener una meta común. Ha llegado la hora de realizar una profunda reflexión y crear un modelo de región y unas condiciones de consenso para poner en valor todas nuestras potencialidades, ayudarlas de verdad y dar rienda suelta a un mensaje en el que se unen una gastronomía de primerísimo nivel, la oferta de enoturismo, el turismo de interior, el deportivo, el patrimonial y cuantos reclamos seamos capaces de poner sobre la mesa. Pero para todo ello es necesario un debate en el que más allá de la política y de los intereses partidistas, se haga un verdadero ejercicio de generosidad por parte de todo el mundo. Es necesaria más que nunca la sociedad civil y que las instituciones y sus técnicos se pongan a trabajar para dar forma a un anhelo que conviene a todos los sectores económicos de La Rioja. No es fácil, está claro, pero cuando se habla de la España autonómica y de la descentralización siempre se acude al tópico de la cercanía de la administración, de su cintura, de su capacidad de respuesta ante las necesidades más palpables. Aquí no hablamos de alta política o de cuestiones de ideología; aquí estamos conversando por estructurar La Rioja en torno a una idea. Eso sí, mucho más que un eslogan, mucho más que una campaña de publicidad.

 

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