RESERVAS CON TARJETA

CARLOS MARIBONA - SALSA DE CHILES

La informalidad de la clientela. No es un tema nuevo. De hecho ya lo tratamos en esta columna el pasado año. Pero nunca deja de estar de actualidad y sigue suscitando grandes debates. El pasado sábado cené en un buen restaurante de Santiago de Compostela, Auga e Sal. Al lado de la mía, una mesa montada para seis personas. Vacía. El propietario, con cara de resign ación, me contó que estaba reservada y confirmada para las ocho y media. Eran ya cerca de las once y nadie había aparecido por allí. Tampoco había respuesta en el teléfono facilitado al hacer la reserva.

Un ejemplo más de la falta de respeto que una parte de la clientela muestra al trabajo de los profesionales de la hostelería. Decidí contar el caso en Twitter y la reacción fue inmediata. Decenas de cocineros de toda España respondieron exponiendo situaciones similares. En la mayor parte de los casos se trataba de mesas para dos o cuatro personas, pero había quien hablaba hasta de una reserva para ocho comensales.

Este fenómeno, que se reproduce con frecuencia, especialmente los fines de semana, se conoce en el mundo de la hostelería como 'no show'. Pocas cosas indignan más a los cocineros y a los propietarios que esas mesas reservadas, en muchas ocasiones incluso reconfirmadas en el mismo día, que se quedan vacías sin que nadie responda al teléfono que se facilitó. Un trastorno para los propietarios del restaurante, que en bastantes casos han estado rechazando a otros clientes por tener completo el comedor. Más dañino aún para los establecimientos pequeños, en los que una mesa de cuatro o de seis personas puede suponer una parte considerable de la facturación del día.

Llevo años pidiendo que los restaurantes implanten un sistema de reservas que obligue al cliente a facilitar una tarjeta de crédito. De manera que si no se anula la mesa con un margen de tiempo razonable, o por causas justificadas, se hace un cargo prefijado al que reservó. No es nada nuevo. Así se hace, sin que nadie lo cuestione, en los hoteles. Y es habitual en muchos países del mundo. Intenten ir a un restaurante de Nueva York o de Londres sin haber dejado previamente su número de tarjeta. Y no pasa nada por ello.

En España son ya varios los establecimientos que aplican esta política, pero sigue habiendo muchas reticencias entre los empresarios de la hostelería. Piensan que la medida no gustará a sus clientes, cuando lo cierto es que a los que no les gustará es a los sinvergüenzas que les dejarán colgados si previo aviso.

 

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