El protagonista es el pimiento... y también el tomate, el ajo y la cebolla

A sacos, y hace años, a tractores. :: J.R./
A sacos, y hace años, a tractores. :: J.R.

Los puestos del mercado suponen una combinación particular de colores y texturas donde agricultores y clientes asiduos se manejan con desenvoltura

J. C. PEINADO LOGROÑO.

«Mira qué hermosura de piquillos, esos están demasiado oscuros y aquellos parecen un poco quemados, ¿a cuánto el ciento?». Resulta que, en el Mercado de los Pimientos, estos no se venden por kilogramos, sino por cientos. Cada puesto tiene un montón de barcas apiladas, de las cuales la mayoría están repletas de pimientos con un amplio abanico de rojos y verdes, de un montón de variedades diversas.

A grandes rasgos, y con el beneplácito de los expertos, se podría decir que los del Piquillo son muy buenos para embotar, también los najeranos y los de Santo Domingo. Los de padrón, sin embargo, mejor fritos y de bocado. Los de cristal y los cuernicabra también están muy ricos al pasar por la sartén, pero estos últimos parecen ser los preferidos a la hora de ensartar.

En el mercado ya menudean imponentes ristras de pimientos cuernicabra, que con un poquito de paciencia, liza y una buena aguja han ido ensartando uno a uno algunos de los agricultores. Pero no solo hay ristras de pimientos, también las hay de ajos, compuestas por cincuentenas de cabezas y confeccionadas con hojas de anea.

El tomate es otro de los básicos, mucho de pera, también mucha tomata por entre los puestos de los agricultores. Los tomates, por cierto, sí se compran por kilos, aunque mucha gente lo hace por barcas: al fin y al cabo muchos de los compradores aprovechan este mercado otoñal para llenar la despensa con conservas para todo el año. No faltan tampoco las cebollas, esenciales para los enamorados de las conservas de fritada.

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