El pincho riojano prosigue su sabrosa reflexión anual

El pincho riojano prosigue su sabrosa reflexión anual

Febrero se ha convertido en el mes del pincho. Un total de 69 establecimientos riojanos ya sirven a sus clientes las propuestas que han elaborado para ser uno de los diez finalistas que optarán al 'Delantal de Oro'

S. MORENO LAYA

El Concurso de Pinchos de La Rioja permite cada año una profunda reflexión sobre la interpretación de lo que es y debería ser en La Rioja el concepto pincho, la autenticidad de lo que se está haciendo en La Rioja y, sobre todo, lo relacionado con eso de la 'cocina en miniatura'. Y es que es evidente que no todo vale.

Por eso el Concurso de Pinchos de La Rioja es un punto de encuentro para la práctica, para el intercambio director de la forma de hacer, pero también es un escenario para reconocer el fondo de la cuestión, para saber qué se debe hacer para seguir mejorando en una forma de gastronomía que cada día capta la atención de más visitantes.

Hay muchas cosas muy bien hechas, pero por supuesto no todo está perfectamente hecho cuando se trata del reconocer exactamente la esencia misma del concepto pincho y barra. Sirva como ejemplo la memoria de las primeras ediciones, donde se vieron auténticos platos combinados, muy alejados del pincho tal y como lo conocemos.

Gracias a la acción de La Rioja Capital, a esta última edición del Concurso de Pinchos concurren un total de 69 bares y restaurantes de La Rioja. Cada uno de ellos con una propuesta que viene a explicar su comprensión de lo que es un pincho.

Y es obvio que este concurso gastronómico es sin duda alguna un debate sobre el concepto pincho, y así lo refleja La Rioja Capital a través de las tres estrellas Michelin de La Rioja. Francis Paniego: cree que «en los pinchos hay que fijarse en los clásicos: tortilla, champiñón, oreja rebozada, bravas...». Lo demás es otro concepto, «el de 'cocina en miniatura', que tiene que estar muy bien hecho y al momento para que realmente funcione como se pretende». Paniego lo tiene claro: «Es complicado hacerlo bien. Si no es al momento y está apoyado en la barra y se recalienta creo que pierde». Y pone el foco en algo realmente importante: «La cultura de la especialidad que ha habido en La Laurel y la San Juan creo que no debería perderse».

Es una primera reflexión sobre el futuro del pincho en La Rioja, que se viste de largo cada año para este concurso al que concurren este año 45 bares de Logroño, ocho de Calahorra, siete de Nájera, dos de Arnedo y uno de Haro, Fuenmayor, Igea, Pradejón, Pradillo, Santo Domingo de la Calzada y Sorzano.

Los pinchos estarán a disposición del público todos los fines de semana de febrero; y la final, con entrada libre, se celebrará el 24 del próximo mes en Riojafórum.

En esta final se seguirá reflexionando sobre el pincho. Para Ignacio Echapresto «un pincho empieza con un buen pan que es la base donde acomodar el resto de ingredientes. A partir de ahí, materias primas de primera calidad, sentido común y elaborarlo al momento». Aunque entiende que esto último es muy complicado. «Creo que no hay que volverse muy loco para hacer grandes pinchos», apunta.

La mecánica es similar a la de años anteriores: un primer jurado itinerante visitará cada local para evaluar y decidir qué diez establecimientos de todos los presentados pasan a la gran final. Estos finalistas deberán realizar su pincho en un showcooking frente a un prestigioso jurado. En juego estará el Delantal de Oro. Y para Félix Jiménez este pincho «debe tener identidad, pureza, estar basado en el valor del producto, con pocos ingredientes». Para esta nueva estrella Michelin para La Rioja «lo importante es que tras el pincho recuerdes el sabor, ni técnicas demasiado sofisticadas ni salsas...».

 

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