Un paseo 'pimentero' por la nostalgia

Las manos trabajan el pimiento, para asarlo y pelarlo, y luego degustarlo, pues se trata de un manjar. :: /Justo Rodriguez
Las manos trabajan el pimiento, para asarlo y pelarlo, y luego degustarlo, pues se trata de un manjar. :: / Justo Rodriguez

El tradicional Mercado de los Pimientos trata de subsistir a las costumbres actuales

JUAN CARLOS PEINADO

La visita al Mercado de los Pimientos se ha convertido en los últimos años en un singular ejercicio de nostalgia. El veredicto, compartido tanto por compradores como por vendedores, es prácticamente unánime: este tradicional zoco agrícola, pese a su veteranía, pese al cariño con que lo observan muchos logroñeses, se va apagando con los años, pero trata de persistir al cambio de costumbres.

El Mercado de los Pimientos está ubicado desde hace años en la plaza logroñesa de Joaquín Elizalde. En la actualidad, en torno a la marquesina localizada tras el solar del antiguo Hospital San Millán (o la futura sede de la Escuela de Enfermería de La Rioja). Los agricultores, unos 45 según datos del Ayuntamiento de Logroño, ponen allí a la venta sus productos dos días a la semana desde principios de septiembre y hasta finales de noviembre. La oferta está limitada a pimientos, guindillas, tomates, ajos y cebollas.

Temporada
De 1 de septiembre a 28 de noviembre.
Días
Martes y viernes.
Localización
Plaza de Joaquín Elizalde (tras el solar del antiguo Hospital san Millán), Logroño.
Horario
Matinal.
Puestos
45.
Productos
Pimientos, guindillas, tomates, cebollas y ajos.

«Ahora no te puedo atender que esta señora me va a dar mucho dinero». Manuel hace una mueca cómplice a su clienta y continúa echando el contenido de una barca de tomates en varias bolsas. Hace muchos años que acude puntualmente al mercado: quince, veinte, treinta... un montón. Es agricultor, como ocurre en la inmensa mayoría de los puestos del Mercado de los Pimientos, y dice que ya no es lo que era: «ya no viene la gente, ahora no se come como antes, la juventud no quiere asar pimientos, no quiere mancharse las manos». Aún recuerda cuando la gente venía al mercado con remolques.

El mercado ha ido cambiando de localización con los años. Los más veteranos recuerdan por lo menos cuatro, siempre en la misma área de la ciudad: un solar en la zona de Lobete, luego en otro junto a la calle Padre Claret, en frente de las denominadas Casas Baratas y la actual. Los cambios de ubicación, dicen, no le han sentado nada bien.

Fernando y Glenda son dos logroñeses asiduos al mercado. Cada año embotan tomate, en este caso tomatas, y pimientos ¿Cuántos? Una treintena de tarros de cada por lo menos. También son conscientes de que el mercado ha ido perdiendo músculo: «no tengo ni idea de lo que está pasando, pero ya no es lo que era, la gente venía antes con el tractor y lo vaciaba».

José Luis es un comerciante veterano en el Mercado de los Pimientos: hace más de treinta años que vende allí sus productos. Recuerda cuando, aún adolescente, acompañaba a sus padres: «antes se vendía muchísimo, veníamos en tractores, podía haber 100 o 150 puestos».

No es muy optimista acerca del futuro del Mercado de los Pimientos. Calcula que «en unos diez años esto va a desaparecer». Este año, dice mientras va señalando con el dedo diferentes huecos entre los puestos, «ya ha habido seis o siete bajas». En su opinión, la gente «ahora prefiere ir al supermercado a comprar las cosas, resulta mucho más cómodo». La mayoría de los compradores, apunta, «son gente mayor, los jóvenes no saben apreciar esto».

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Ana y Luis, desde luego, sí que lo aprecian. Acuden todos los años al mercado en busca de materia prima para sus conservas de fritada: setenta u ochenta tarros, ahí es nada, que reparten con sus hijos. Naturalmente recuerdan la agitación que el mercado tenía años atrás. Ana tiene muy claro que «las conservas caseras de tomate y pimiento no tienen nada que ver con las que puedes comprar, es que la diferencia se nota un montón».

Luis hace tres o cuatro años que vende sus productos en el mercado logroñés y apunta que, «al principio, había el doble de puestos». Se está planteando su continuidad en el zoco, puede que el año que viene lleve todo directamente a la conservera. Explica que, para los agricultores, es fundamental vender todo el género, porque, de lo contrario, se pierde, ya que no aguanta en buenas condiciones hasta el día siguiente.

La visita al Mercado de Pimientos, como ha quedado dicho, es un ejercicio de nostalgia. No obstante, a pesar de las comparaciones de los veteranos, los pimientos y los tomates que atestan las barcas apiladas en los puestos son con toda probabilidad tan apetecibles como lo eran hace años. Solo por eso puede que haya esperanza...

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