El nuevo Ibiza sopla su primera vela

David Houngbeme, con los miembros de Dixiemulando, durante la celebración. :: justo rodríguez/
David Houngbeme, con los miembros de Dixiemulando, durante la celebración. :: justo rodríguez

El renacido local del Espolón logroñés anuncia sorpresas cuando cumple un año reabiertoLOGROÑO

J.A.L.

Existe la firme creencia en el sector hostelero planetario de que hay bares malditos. Donde nada puede hacerse por enderezar su rumbo cuando declina su trayectoria y pintan bastos. También hay quien sostiene lo contrario: que resulta suficiente una dirección imaginativa y tenaz, generosa en recursos, para que incluso la barra más sombría reluzca de nuevo y abrillante su alrededor como sólo garantizan los grandes bares. Quien albergue alguna duda de lo acertado de esta segunda teoría, puede pasarse cualquier día de estos por el Ibiza logroñés y confirmar lo acertado de semejante dictamen: el Ibiza es oro. Oro puro.

Un año después de su esperada reapertura, la castiza barra del Muro de la Mata obra el milagro diario de mantenerse activa desde primera hora de la mañana hasta última de la noche, incluyendo su ingreso en la madrugada. «¿Quién ha dicho que en un bar sólo se puede divertir la clientela de noche»?, se pregunta retóricamente David Houngbeme, al frente de una decena larga de camareros que garantizan una febril actividad para reconquistar en este rincón frente al Espolón su condición de brújula y faro de Logroño. Y que garantizan lo antedicho. Que la diversión en un bar no es monopolio de la clientela nocturna: ahí está, por ejemplo, su dinámico ambiente a la hora del vermú para demostrarlo.

Aunque el Ibiza, que sopló el jueves la solitaria vela de su primer aniversario, no se detiene. Promete novedades para la Nochevieja que ya se divisa y para el resto de su andadura hacia la celebración de su segundo año de resucitada vida. Durante algún tiempo, permaneció vacío, aunque ejercía como atento vigía del Logroño de siempre. Un año después, vuelve a ocupar su lugar en el corazón de la ciudad que le vio nacer allá en los albores del siglo XX. Y su terraza ejerce de nuevo como la imaginaria playa desde donde seguir haciendo felices a los logroñeses.

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