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Comer bien contra el cáncer

Hoy en día se sabe que una alimentación poco saludable, rica en alimentos procesados, puede aumentar en gran parte los riesgos de sufrir cáncer.
Hoy en día se sabe que una alimentación poco saludable, rica en alimentos procesados, puede aumentar en gran parte los riesgos de sufrir cáncer. / ERNESTO ARIAS
  • La alimentación poco saludable aumenta el riesgo ante esta enfermedad

Lo primero que tenemos que abordar antes de hablar de dietas y una enfermedad con tanta prevalencia y gravedad como el cáncer es que la alimentación puede jugar un papel importante, pero en absoluto la dieta va prevenir con rotundidad la aparición, ni mucho menos sanar si ya se sufre la enfermedad.

Dietas anti-cáncer, alimentos que curen o métodos 'milagrosos' en alimentación, al menos de momento, no existen y es absolutamente ineficaz creerlo. Existen numerosos libros, artículos y recetas que prometen resultados satisfactorios al respecto, que juegan, no sólo con la ilusión, sino también con la salud de las personas que desgraciadamente padecen esta enfermedad.

Sin embargo, sí podemos encontrar evidencias científicas respecto a la prevención, o al menos, la disminución de riesgos, además de la recuperación.

Hoy en día se sabe que una alimentación poco saludable, rica en alimentos procesados, puede aumentar en gran parte los riesgos de sufrir cáncer, y mayor será el riesgo si sumamos hábitos tóxicos como el tabaquismo o consumo de alcohol.

La relación de estos hábitos con la salud es tan evidente que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, un bajo consumo de frutas y hortalizas causa más de 2,7 millones de muertes al año en el mundo y la inactividad física cerca de 2 millones.

Uno de los tipos de cáncer que más se relaciona con la nutrición es el cáncer de colon, que ha aumentado de forma considerable en los países occidentalizados.

Prevención

¿Cómo podemos prevenir la aparición de esta enfermedad?

Durante años, la AIRC (American Institute for Cancer Research) y la WCRF (World Cancer Research Fund) han trabajado sobre numerosos estudios de investigación. El resultado de dicho análisis ha evidenciado que el riesgo de aparición de la enfermedad se puede reducir por medio de un patrón dietético saludable. Este patrón debe incluir una elevada proporción de alimentos de origen vegetal, una disminución en la ingesta de carnes y alimentos ricos en grasa, así como del número total de calorías y el incremento de la actividad física.

La base de la dieta serán alimentos como verduras y frutas frescas, cereales integrales, carnes magras, pescados y huevos cocinados sin demasiadas grasas y sin carbonizar, semillas, frutos secos y legumbres. Los lácteos no se han relacionado ni con la prevención ni con mayor riesgo.

Los alimentos altamente azucarados, ultra-procesados y ricos en grasas hidrogenadas no ayudarán en absoluto a evitar su aparición. El consumo de alcohol y refrescos también influirá negativamente.

Además de la alimentación, el ejercicio físico juega un papel fundamental en la prevención de todo tipo de cánceres.

La obesidad es un factor de riesgo, por lo que es importante mantener un peso saludable.

Una vez se padece la enfermedad, la desnutrición hospitalaria es un factor a tener en cuenta, además del tratamiento de los síntomas asociados, tanto a la patología como a su tratamiento, como vómitos, estreñimiento, bajo peso, alteración del olfato y el gusto. con la nutrición personalizada se podrán mejorar estos síntomas, así como mejorar el estado físico para que el paciente se enfrente al tratamiento en las mejores condiciones físicas posibles.

Recomendaciones

Aunque cada paciente tendrá unos requerimientos individuales, las recomendaciones dietéticas generales pueden ser las siguientes:

Dividir las comidas en 6-8 pequeñas tomas diarias, aportando los alimentos más completos en las horas de mayor apetito.

Evitar alimentos flatulentos, fritos, grasas y olores intensos.

Beber agua en pequeñas tomas (2-3 litros diarios).

Servir los alimentos templados, en ambiente tranquilo y comer acompañados.

Evitar alimentos que irriten el tracto digestivo o la boca, como fritos o alimentos ácidos.

Los alimentos fríos, con poco aroma y de textura blanda, como cremas o helados caseros, pueden favorecer que el paciente sin apetito consuma calorías sin provocar aversión. Es fundamental consumir una dieta rica en fibra, tanto en la prevención como en el tratamiento, aunque dependerá de los síntomas asociados, ya que si se produce diarrea o vómitos los consejos variarán en relación a este nutriente. Controlar el peso y realizar algún ejercicio físico (siempre en función del estado del paciente).

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