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El placer inmenso de comernos

El placer inmenso  de comernos
  • El lado oscuro en los relatos de Isabel-Clara Simó

En nuestro inconsciente siempre nos quedará grabado el estupendo papel protagonizado por Anthony Hopkins en aquella aterradora película de El silencio de los corderos (1991), uno de los tres films que componen la trilogía basada en los libros de Thomas Harris. En ellos, un asesino antropofágico siembra el terror y la estupefacción de toda una vecindad, conllevando una investigación policial exhaustiva. Otros autores como Herman Melville, Robert Louis Stevenson, Evelyn Waugh, Bernard Quiriny o Fernando Alomar se han atrevido a incluir el elemento caníbal en sus respectivas obras, ya sea desde el ámbito tribal, el psicopático o el de la supervivencia.

Pero, como bien es sabido, la realidad muchas veces supera la ficción. Actualmente salen a la luz casos como el de ArminMeuwes que conoció a un ingeniero alemán y, tras llegar a un acuerdo, iniciaron el ritual de devorarse mutuamente. O los casos de IsseiSagawa o AndreiChikatilo, unos devoradores de carne humana a gran escala. Este último admitió que, solamente por gratificación sexual, se comió alrededor de 53 cuerpos.

Un elemento sexual íntimamente relacionado con el canibalismo, así como lo demuestra la obra literaria de Isabel-Clara Simó, una escritora referente dentro de las letras catalanas contemporáneas, abarcando un sinfín de obras entre las cuales destacan las narrativas, además de colaborar semanalmente en la prensa y de haber dirigido durante décadas una de las revistas culturales y políticas de gran renombre en Cataluña: Canigó, que vino a ser una gran plataforma de colaboración de grandes intelectuales como Pere Calders, Ricard Salvat, Manuel de Pedrolo o QuimMonzó, entre otros.

Caracterizada por escribir relatos duros, punzantes y de profundización psicológica, Simó analiza constantemente el comportamiento de los seres humanos dentro de una sociedad que los destruye, especialmente, se centra el análisis exhaustivo de las relaciones en pareja y la forma de actuar de ambos componentes en el desarrollo de la misma.

Mezclando todos los componentes citados hasta estas líneas, el cóctel resultante abraza un grupo de relatos cortos como Amanda (1998), Carn(2002) o L'especialitat de la casa (2002), entre los cuales el ámbito gastronómico antropofágico y el psicológico se entremezclan con total maestría. Pero la obra culmen cuyo banquete resulta ser tan singular, y que además posee una extensión más considerable que las anteriores, es El caníbal (2007).

Desde un primer momento, el lector es informado por el narrador, un alter ego de Simó, que el protagonista, Blai, es caníbal, pero no sistemático, sino puntual, tratándolo como un héroe por realizar un acto considerado prohibido y cruel a causa de los atavismos sociales que pesan como losas en nuestras cabezas. Se trata de una especie de exculpación y de justificación de tal acto deleznable. No obstante, la singularidad de la obra de Simó recae en la causa tan insólita que empuja al personaje a devorar carne humana: el amor.

De hecho, Blai, representa un personaje gris, anodino y solitario, de gran renombre dentro del ámbito culinario catalán, cuyo pasado está ligado a unos inicios de cocinero en un bar de la periferia barcelonesa, después de pasar años como trabajador de matadero, sufriendo diariamente en la disección de los animales. La irrupción en la rutina de Blai de una joven prostituta suramericana de la que se enamora locamente, supone una inyección de felicidad no experimentada hasta la fecha.

Tras unos días, se ve truncada con la aparición del cadáver de la joven en la casa del chef. El trauma es tan angustioso y doloroso, que el joven, arrastrado por la mezcla de los dos saberes citados, despiece de carne y perfeccionamiento culinario, decide realizar su trabajo más insuperable, su clímax culinario basándose en un ingrediente estrella: el cuerpo sin vida de su amada. Para ello, necesitará, a parte de un escenario íntimo, unas cualidades que le han aupado al escalón más alto del pódium de cocineros nacionales: paciencia, pulcritud, serenidad y osadía.

Es entonces cuando Blai da inicio a un ritual: el despiece en la bañera de Rosario realizando un menú perfecto con cada una de las partes y las entrañas que conforman aquel cuerpo tan deseado. Todo ello con una finalidad: la unificación completa dentro de su propio cuerpo, una vez desaparecida la vida de la joven. Una fusión que rebasa todos los límites de la pasión, comparada con un coito sexual jamás visto. Un placer inaudito, supremo y necesario. Un bálsamo para el dolor. Una cena que tendrá un sabor único, irrepetible. Y Blai, devorando a su amada, le devolverá a la vida, una vida compartida. Porque en realidad, como señala el narrador, somos lo que comemos. Reflexionen: ¿Hay algún placer más intenso que el de comer?

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