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La revolución silenciosa del aceite de La Rioja

La revolución silenciosa del aceite de La Rioja
  • Desde la creación de la DOP, el oro líquido de nuestra gastronomía ha sufrido una transformación increíble: en el 2000 había en el mercado dos marcas, ahora se comercializa en más de setenta en países de todo el mundo

La Rioja es una comunidad de larga tradición oleícola pese a situarse en una de las zonas límites de su cultivo en la Península Ibérica, de hecho los primeros indicios del cultivo del olivo datan de la época de los romanos. Durante siglos, los municipios ubicados en las zonas de La Rioja Baja y La Rioja Media han elaborado un aceite de oliva de peculiares características, determinadas por las condiciones edafoclimáticas de la región. El tipo de prensa utilizada hasta el siglo XIX, de clara tradición romana, y restos hallados en las localidades de Alfaro y Murillo de Río Leza desvelan que, en la época romana, ya se elaboraba aceite en La Rioja. En la comarca de Cervera del Río Alhama, los más mayores del lugar cuentan que «los olivos llegaron con los moros». Los primeros datos fiables sobre el olivo en La Rioja no llegan hasta el siglo XVIII, con el Catastro del Marqués de la Ensenada. Desde entonces, se constata que la época de mayor apogeo del sector oleícola riojano se encuentra a mediados del siglo XX. En 1942, la región contaba con 5.780 hectáreas de olivar y, en 1953, llegaron a coexistir 81 trujales, el mayor número que ha habido, y probablemente habrá en La Rioja. A finales de la década de los 60, tras alcanzar un máximo de superficie de 7.000 hectáreas, comienza el declive del olivo en La Rioja, al ser sustituido por otros cultivos más rentables por aquel entonces. En 1993, la superficie de olivar llega a su mínimo con 2.373 hectáreas.

Su verdadera recuperación no se inicia hasta el año 2000, cuando el sector privado decide apostar por un cultivo emergente en el ámbito internacional. El sector ha experimentado una importante recuperación. Según datos de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de La Rioja, la superficie de olivar se ha incrementado en la comunidad de 2.945 hectáreas en el 2000 a 5.597 en el 2012. Además, se ha logrado que un alto porcentaje de la producción sea virgen extra. Como reconocimiento a la calidad del producto, el 8 de octubre del 2004 se aprobó la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja. La creación de la marca de calidad ha supuesto la recuperación de un sector de larga tradición en la comunidad, pero que venía sufriendo un claro retroceso desde lustros atrás. De hecho, el olivo es uno de los cultivos que mayor avance proporcional ha experimentado en La Rioja en los últimos diez años.

En lo que respecta a comercialización, si bien es cierto que en el año 2000 había en el mercado dos marcas de aceite riojano, hoy en día, el Aceite de La Rioja se comercializa bajo más de 70 marcas en países de todo el mundo, como Japón, China, India, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania o Francia, entre otros.

Los planes de formación y asesoramiento y los proyectos de investigación acometidos por el Consejo Regulador a lo largo de los años han contribuido a la profesionalización del sector. Los agricultores han ido adoptando nuevos métodos de cultivo y las almazaras han aplicado mejoras en los procesos de elaboración para optimizar la calidad del producto hasta colocar al Aceite de La Rioja en el mercado de los aceites de calidad. Muestra de ello son los numerosos premios y menciones nacionales e internacionales que han recibido los aceites riojanos con Denominación de Origen.

Además, el producto elaborado cada vez se destina menos a autoconsumo y más a comercialización. La producción media anual de aceite riojano con Denominación de Origen ronda los 650.000 litros.

El olivo y el aceite han dejado de ser un complemento para convertirse en una alternativa profesional. Hay agricultores e incluso núcleos familiares que han decidido centrar su actividad laboral en la producción y/o comercialización de Aceite de La Rioja. Como dato a tener en cuenta, se estima que la marca de calidad generó más de un millón de euros de facturación en el año 2014, situándose en los primeros puestos de las ventas que genera la excelencia agroalimentaria riojana.

Otra aportación del distintivo de calidad al desarrollo del cultivo ha sido la regulación del sector. Desde la creación de la DOP Aceite, existe un registro más exhaustivo. Además, hay mayor estructuración y control de los procesos productivos, lo que permite un mejor conocimiento del sector para garantizar la calidad del aceite.

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