«Los platos de antes me gustaban más que los de ahora»

Piedad Martínez posa con sus riquísimas rosquillas de anís. / C.V.
Piedad Martínez posa con sus riquísimas rosquillas de anís. / C.V.

Piedad Martínez Lorenzo nos cocina rosquillas de anís en Casalarreina

Cristina Valderrama
CRISTINA VALDERRAMAHaro

A Piedad Martínez le gusta mucho cocinar. Quizás sea porque esta afición- y también trabajo- le ha acompañado toda su vida de una u otra manera. «Desde bien joven empecé a servir en las casas» y ahí comenzó a trastear con los fogones. También pasó por La Cueva de Doña Isabela y ahora, en su casa de Baños de Rioja, continúa elaborando postres y otros platos para su familia.

En Casalarreina, en la Cervecería Galigón que regenta su hija, apareció con una buena bandeja de rosquillas de anís, una de sus especialidades. Le gusta elaborar postres aunque cocina de todo. Recuerda los dulces que elaboraba su madre y asegura que «los platos antiguos, los que hacían las abuelas, me gustan más que lo que se hace ahora», aunque reconoce que también tiene su punto y que todo tiene su arte.

LA RECETA

Ingredientes
Tres huevos, 15 cucharadas de azúcar, 15 cucharadas de leche, 18 cucharadas de aceite, la ralladura de dos limones, dos sobres de levadura Royal, tres cucharaditas de anís (una por cada huevo), un kilo de harina y sal.
Elaboración
Se mezclan bien todos los ingredientes y después se va incorporando la harina hasta que ya no se pueda mezclar más. Se trabaja bien la masa y se hacen las tiras de las rosquillas. En una sartén a fuego lento se fríe las cáscaras de una naranja y un limón. Se retiran y con fuego fuerte se añaden las rosquillas. Aún en caliente se pasan por una fuente con azúcar y canela

Es cierto que los platos tradicionales siguen triunfando, como lo hacen sus rosquillas siempre que las prepara. Nunca faltan en Carnaval o Semana Santa, pero también las elabora en otras épocas del año. «Siempre que me apetece aunque en esas fecha no faltan nunca», asegura.

Hermosas, esponjosa, tiernas y muy ricas le salen siempre y su secreto está en «hacer unas marcas en el medio con la navaja para ayudarlas a engordar en el aceite».

Anís u otros sabores

Las rosquillas suelen tener cierto sabor a anís y a Piedad es lo que más le gusta echar a sus creaciones, pero reconoce que también se pueden hacer con whisky, ron u otras esencias.

Todos los ingredientes, los huevos, el azúcar, la leche, el aceite -mejor si es de oliva-, la ralladura de dos limones, los sobres de levadura, la sal y el anís se mezcla todo junto. «Se puede utilizar la batidora o hacerlo a mano con unas barrillas, como a cada uno le venga mejor», reconoce. Después, poco a poco se va echando la harina sin dejar de remover «hasta que cueste darle vueltas».

En ese momento, se vuelca la masa en una superficie con harina y se va trabajando hasta que «deje de pegarse en las manos». El trabajo de la masa es fundamental para que quede sin grumos y se pueda trabajar bien.

De esa masa se irán cogiendo trocitos pequeños que se amasarán hasta conseguir el tamaño aproximado de un dedo de grosor. La tira se une y ya está formada la rosquilla. Eso sí, antes de echarla a la sartén para cocinarla, a Piedad le gusta hacer «unos cortecitos en el lateral con una navaja».

El aceite también lo prepara para que las rosquillas tengan un sabor especial. A fuego lento va dorando las cáscaras de una naranja y un limón que después se retirarán. Con el fuego fuerte se van añadiendo las rosquillas y se deja que se doren por los dos lados.

Una vez hechas las rosquillas, aún queda el paso final. Piedad prepara una fuente con azúcar y canela bien mezclado, siempre a gusto de cada uno, y aún en caliente las va pasando por la fuente para que cojan el sabor y la textura. Un plato de siempre con éxito asegurado que «se puede preparar en una hora» y que siempre que sale a la mesa, triunfa.

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