La familia numerosa de la madre de la cocina riojana

Marisa Sánchez recibió el Premio Nacional de Gastronomía en el año 1987. :: James Sturcke/
Marisa Sánchez recibió el Premio Nacional de Gastronomía en el año 1987. :: James Sturcke

Esta semana se ha cocinado en La Rioja con lágrimas en los ojos en recuerdo de Marisa, gran dama de la cocina riojana, creadora de un estilo que ha definido la culinaria de los siete valles como una guía de estilo para la actual y futuras generaciones

PABLO GARCÍA MANCHA

Rosi, Nino, Marisa... son la cocina riojana. Apenas se veían, no coincidían casi nunca. Su vida pasaba en su propia cocina. Y así fue hasta trascender con el paso del tiempo y formar parte del recuerdo eterno de la cocina riojana, heredada del trabajo de sol a sol de los que sin pretenderlo revisaron la gastronomía riojana y la pusieron en el mapa. Dijeron: «Oigan, que aquí hacemos las cosas bien, con honestidad, con esfuerzo, con criterio, con mucho amor y sacrificio». Lorenzo, Vicenta... son el testimonio de todo aquel inmenso trabajo. Venta Moncalvillo, Chef Nino, Echaurren, La Merced, Casa Masip, Casa Chuchi, y muchos otros... Madres y padres de la cocina riojana que han insertado en los genes de sus hijos una herencia que trasciende a lo puramente consanguíneo.

Los hijos de estos padres de la culinaria riojana honran hoy su memoria, y esta semana cocinan entre alguna lágrima que otra, por la pérdida tan grande de Marisa Sánchez, la gran dama de este extraordinario oficio. «Mi madre y Marisa no se veían nunca. Aun estando en un pueblo tan pequeño como Ezcaray. Quizás en misa. El resto del tiempo estaban en la cocina». Pedro Masip enlaza en su memoria la trayectoria de Marisa y la de su madre Vicenta, en íntimo eslabón de una cadena en construcción. «En nuestra familia sentimos esta pérdida de una manera muy profunda y muy cercana. Se nos ha ido una institución».

Ignacio Echapresto es hijo de estas grandes mujeres. Su madre Rosi y su amiga Marisa forman un mismo eslabón, unidas para siempre. «En cada una de esas conversaciones con Marisa había una lección y mucha sabiduría. A nosotros que hemos ido paso a paso y que nuestra formación ha sido lenta, nos ha gustado escuchar, preguntar y sobre todo aprender de la experiencia de otros y beber de las mejores fuentes. Y Marisa fue eso, una fuente inagotable de talento, sabiduría y generosidad».

Tampoco salía de su cocina ni se dejaba ver mucho por Calahorra, Saturnino, el Chef Nino, padre de Ventura Martínez. Él en su cocina. Nino y Marisa forman también parte del mismo eslabón. «He tenido la suerte enorme de haber vivido su gran trayectoria», apunta Ventura. «Y en un tiempo donde parecía valer todo, Marisa puso sobre la mesa valores como la honestidad y la humanidad. Y no podemos darle la espalda a esta forma de cocinar», remarca.

Gran familia

Hijos de una gastronomía riojana que en estos momentos se presenta como una extraordinaria familia numerosa, en honores a Marisa. Hay hijos de Marisa por muchos de los grandes restaurantes de La Rioja. La Cocina de Ramón, La Quisquillosa, Ajo Negro, La Posada del Laurel, El Rincón de Alberto, Casa Zaldierna, La Galería... cocinan con Marisa en su epidermis.

«Sigo siendo 'el niño' del Echaurren gracias a Marisa. Me he criado allí, como muchos otros. Y por ella y su familia amo mi profesión». José Félix Jiménez, de la Galería, cocina con gran pena. Sentimiento compartido con Ramón Piñeiro, que como buen extremeño, se cogió el petate y marchó a buscar fortuna, y la halló en Ezcaray, en el Echaurren. «Para mí Marisa lo es todo. Tan lejos de casa me sentí arropado por su calidez humana; te enseñaba a cocinar y al mismo tiempo se preocupaba por tu bienestar», relata con emoción el de la Cocina de Ramón.

Por los siete valles se engarza la cadena de la gastronomía riojana. En Préjano, Dámaso, de la Posada del Laurel, tira de autenticidad: «Tío, yo puedo decir que tuve la suerte de cocinar con Marisa. Es la leche. Para mí es lo máximo. Que gran señora, insuperable en sencillez. Era maravillosa». De Préjano a Zaldierna, donde Antonio Pérez destaca de Marisa «su pasión infinita por esta profesión. Mi última conversación con ella fue antes de ir al concurso de croquetas, quise sentarme con ella un ratito, y fue un momento único para mí». Para Joaquín, de La Quisquillosa, su recuerdo de Marisa se alarga en el tiempo: «Mi abuelo peregrinaba con su familia desde Madrid a Ezcaray para comer en el Echaurren. Era todo un acontecimiento, y como tal lo recuerdo».

La cadena de los abuelos de la cocina riojana pasa por el Rincón de Alberto: «Trabajé siete años en esa casa. Se lo debo todo. Fue una madre para mí». Y como explica Félix Jiménez, de Kiro Sushi, «Marisa deja un gran vacío, pero también un enorme legado que debemos defender». Marisa iluminó el futuro.

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