«En España se bebe bien el vino»

Elvira Lindo, en una imagen de archivo. :: efe/
Elvira Lindo, en una imagen de archivo. :: efe

La escritora, que participa hoy en una conversación en Ontañón, defiende el consumo de vino asociado a «disfrutar de la vida»Elvira Lindo Escritora

JORGE ALACID LOGROÑO.

Elvira Lindo (Cádiz, 1962) está de enhorabuena. Acaba de ver la luz su último libro, una adictiva recopilación de perfiles de mujeres memorables a lo largo de la historia, cuyos retratos reúne en '30 maneras de quitarse el sombrero' (Seix Barral). El libro incluye una melancólica semblanza de la escritora Adelaida García Morales, en cuyos escritos se basa la inolvidable película 'El sur'. «Sí, ya sé que se rodó una parte en Logroño, esa escena de la primera comunión de la niña con el pasodoble 'En el mundo' sonando. Una de esas escenas que la puedes ver mil veces y siempre te toca algo dentro», señala. Lindo participa este mediodía en Bodegas Ontañón en el encuentro 'Conversaciones en torno al vino', una iniciativa de La Rioja Capital.

- He visto que somos del mismo año y he pensado que tal vez compartamos una experiencia similar sobre esa presencia tan familiar que tenía el vino en casa en nuestra infancia. ¿Es también su caso?

- Sí, claro. Mi padre era de esa generación de hombres que no podían comer sin vino. Y a los niños, los fines de semana nos daban nuestra propina (risas). Entonces el vino se diluía en agua o gaseosa, era algo natural. Como un premio. Colorear el agua para que te sintieras mayor.

«Los expertos parece que tratan de apartar a la gente del consumo natural del vino. De la celebración»

- En La Rioja era incluso normal que nos dieran vino para merendar...

- Vino con pan y azúcar. Exacto. Y si estabas malo, vino dulce o Santa Catalina. Ahora se ve todo como una aberración. Pero entonces eran propinillas que nos daban a los niños.

- ¿Y esos son sus primeros recuerdos vinculados al vino?

- Sí, recuerdos asociados a celebraciones y fiestas familiares. Con mi padre, mis tíos... Digamos que era algo normal ver el vino en la mesa, eso siempre, y luego como celebración. Tuvo que pasar un tiempo para que lo empezáramos a degustarlo, a saborearlo. Eso vino mucho más tarde. Beber vino sabiendo lo que bebes, aprender a elegir los que prefieres, tener tus sabores favoritos... Es una cuestión de sofisticación. Yo creo que en España se bebe bien el vino. Cuando vivía en Estados Unidos vi cómo se ponía de moda beber vino en sitios como enotecas, donde no hay ni una tapa y te puedes coger una cogorza que... Era algo para mí extrañísimo, porque yo no sé beber con el estómago vacío. Es más saludable beberlo como lo bebemos en España. Tu vasito de vino a diario, con la cena, cuando llegas de trabajar... En mi casa es lo que hacemos. Antonio (su pareja, el escritor Muñoz Molina) es igual que mi padre, no sabe comer si no es con vino en la mesa.

- ¿Y cómo observa esta idea tan actual de asociar el consumo de vino casi a una función religiosa que amenaza con desnaturalizarlo, con que pierda su función festiva?

- Yo veo que ahora para el consumo diario salen un montón de vinos jóvenes y ligeros, que hacen que su consumo no sea algo relacionado con el paladar superexquisito. Los expertos, en vino y hasta en música clásica, parece que tratan de apartar a la gente corriente del consumo natural. De la celebración. Pero también creo que es demasiado fuerte la relación que tiene el vino en España con esa idea de celebración como para que los expertos logren apartarnos de ella. Yo creo que hay que disfrutar de la vida. Su consumo exagerado hace mal a tu salud, y eso lo entendemos todos, pero es algo que supone alegrarte la vida... Soy bastante partidaria.

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-Mientras preparaba esta entrevista, me he encontrado esto que no recordaba. Una pregunta que le hizo un tal Jorge en un videochat: 'Hola Elvira, un saludo desde La Rioja (a la espera de regalarte una botellita de tempranillo) y una pregunta: ¿No han perdido alegría tus artículos? ¿Te has cansado de tu punto irreverente?'. Ahora recuerdo que ese Jorge era yo...

- Vaya... Bueno, el problema es que fuera yo quien perdiera la alegría, no mis artículos. Porque hay cosas que me preocupan y no me parece que puedan contarse en tono de humor.

- Usted me respondió lo siguiente: 'Querido Jorge, lo que no volveré es al tono de 'Tinto de Verano'. Aquello se acabó. Y no lo echo de menos'. ¿Sigue estando de acuerdo consigo misma?

- Por una vez, sí. Sin que sirva de precedente, coincido conmigo misma.

- ¿Y qué recuerdos tiene de aquella experiencia escribiendo los artículos de 'Tinto de Verano'?

- El primer verano, inocencia total. Y los siguientes, cuando ya sabía que los artículos tenían mucha repercusión, mucha más tensión. Con este carácter contradictorio que tengo, pasaba de estar contenta a estar angustiada. Pero como no soy especialmente nostálgica, cuando alguien me pregunta por aquellos artículos o si los voy a volver a escribir, le digo: 'Siempre los puedes releer'. Y ya está.

- La recopilación de sus artículos a cargo de la editorial logroñesa Fulgencio Pimentel es un hilo que le conecta a La Rioja. ¿Le sorprendió que los publicaran?

- Sí, porque 'los Fulgencios' tienen una línea editorial muy marcada y de repente quisieron publicar ficción. Pero creo que César (Sánchez, uno de los responsables de la editorial) tiene un sentido muy alegre de la vida y de repente me cuadró que lo hiciera. Y quedó muy bien. No sé si volveremos a colaborar en el futuro, pero si lo hacemos, siendo para César tendrá que ser algo gamberro.

- Hay una sevillana que dice eso de 'El vino, qué tiene el vino'. Responda usted a esa pregunta.

- Yo me fijaría en el sabor. En que cuando das un sorbo de vino, revives todo lo que ha significado en tu vida.

 

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