Ejercicio de honestidad tras la barra

Daniel Monteros y Gabriela Berrú en la terraza al Parque San Miguel de la Cervecería Glass. / Justo Rodriguez

El Glass, en Club Deportivo, constata que es posible comer bien y a buen precio

Sergio Moreno Laya
SERGIO MORENO LAYALogroño

Es imposible ponerle un pero al discurso de Daniel Monteros. Porque sus palabras proceden de un profesional que ha lavado platos, ha sacado bandejas, ha tirado cañas, ha tomado comandas, ha ido y vuelto mil veces... y lo sigue haciendo pero ahora siendo dueño de su propio destino una vez adquirido en propiedad el Glass, una cervecería de Club Deportivo en boca de todos, porque el trabajo de Daniel Monteros junto a su mujer Gabriela Berrú no está pasando desapercibido, primero, para los usuarios del hotel cercano, y poco a poco, para los vecinos de un barrio con muchos lugares a los que acudir, pero que no han podido pasar por alto el éxito del Glass, que llega desde la más absoluta honestidad. «Mi primera misión es pagar a todo mi equipo mes a mes, porque yo sé lo que es estar sin cobrar», explica Daniel Monteros, sentado en una de esas terrazas perfectas tanto para los padres como para los hijos, pues los pies casi se acomodan en la hierba del Parque San Miguel. Sin coches, a la fresca, con la zona de juegos a la vista, el Glass es un punto de encuentro para todos.

«Sabemos que estamos en un espacio muy interesante, y llevamos un año peleando fuerte para que este local esté a la altura de lo bien montado y situado que está», apunta Monteros. Y ha sabido comprender qué necesitaba el barrio, para que sus vecinos se fijaran en el Glass. «Estamos totalmente enfocados a nuestros clientes», valora Daniel Monteros.

Cervecería Glass
Dirección
Calle Club Deportivo, 96. Logroño.
Teléfono
941 70 18 20.
Qué comer y beber
Propuesta informal
Bocadillos al gusto del cliente, los sandwiches más de moda de la zona, platos combinados... Y cerveza artesanal belga.

«Trabajamos para dar el mejor servicio, para ofrecer comida rica y a buen precio que nos permita vivir de esto a todo mi equipo». Porque es una de las máxima del Glass, trabajar y generar trabajo para más gente. «Hemos tenido oportunidad de abrir otro local, pero hemos creído oportuno asentar primero este proyecto, tener los pies en la tierra, porque queremos hacer las cosas como hasta ahora».

Porque sabe que «en este negocio cuesta mucho captar la atención del cliente, y se puede perder muy rápido este estado de confianza en nuestro trabajo». Por eso, valora como clave «el trabajo diario». De ahí que «no cerremos nunca, ni tampoco tengamos vacaciones. Queremos formar parte de la rutina diaria de todos nuestros clientes, y no queremos fallarles ni un día», apunta el propietario de este bar que solo cierra el lunes a mediodía, «pero para las 18.00 horas estamos de nuevo abiertos».

Una barra muy cuidada

Es imposible no atender con cierta curiosidad a la amplia barra que cada mañana presentan los responsables del Glass. Raciones y bocatitas a los que es difícil negarse incluso en medio de la operación bikini. Con una máxima meticulosidad, cada propuesta ocupa su espacio, en una barra coronada por tres tipos diferentes de tortillas de patata.

Eso para picar a cualquier hora, porque esta cervecería se abre también a las raciones y tapas habituales así como a un surtido importante de sandwiches, platos combinados, hamburguesas y sus bocadillos a gusto del cliente. «La idea que hemos puesto en marcha y que está triunfando es que en lugar de tener nosotros unos bocadillos preestablecidos, dejamos a los clientes que sean ellos los que puedan elegir qué tipo de bocadillo quieren degustar». Y la idea funciona. «Es genial ver qué son capaces de tomarse en bocadillo».

Ejemplo de trabajo constante, diario... el Glass es un nuevo punto de referencia en el Parque San Miguel.

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