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El sabor de los mejores yogures

El sabor de los mejores yogures
  • La Yaya Isasa elabora yogures muy especiales, naturales y especialmente sabrosos

La Yaya Isasa es una historia realmente personal del veterinario arnedano Pablo Pérez Calvo, que un día decidió dar un giro a su vida y se embarcó en un proyecto repleto de matices románticos: «Por mi trabajo estaba muy en contacto con el mundo del campo y siempre me había atraído el mundo de los lácteos. Fui madurando el proyecto y los recursos que necesitaba y me lancé a la aventura».

La idea era por hacer un yogur muy especial, «un yogur como los de antes, natural, sano, partiendo de la mejor materia prima y aplicando la tecnología para lograr lo que buscaba, sabor y textura lo más especiales posibles».

Dice Pablo Pérez que sus yogures son de autor y se basan en la tradición: «Aquí no hay nada artificial, ni edulcorantes ni saborizantes de ninguna clase. Mi materia prima es la leche y nada más que la leche. Todo el proceso de elaboración de esa leche de ganaderos de Arnedo tiene como única filosofía potenciar los sabores y las texturas, recordado en el paladar esos sabores de antes.

El yogur natural es un alimento conocido desde hace siglos. La transmisión de su receta, de generación en generación, forma parte esencia de la gastronomía de muchas regiones y como pasa en muchos países, se vincula su consumo a la salud y a la longevidad de sus habitantes.

Como explica Pablo, «la elaboración de nuestros yogures sigue la pauta de respetar al máximo el sabor de la leche para que todos sus matices organolépticos lleguen plenos al momento de la degustación. Se trata de transmitir la esencia de la zona en la que se elaboran y poder reflejar el cariño y el cuidado que ponemos en las distintas fases de la elaboración».

De ahí que en su composición no haya nada más que leche y fermentos: «En eso consiste un yogur natural, sin aditivos, estabilizantes, colorantes ni conservantes de ninguna clase».

El sabor y la textura surge de la paciencia: «Su fermentación es lenta y con reposo. Eso es muy importante porque le dota al yogur de una agradable acidez, que es la que le confiere buena parte de sus valores organolépticos. Todo eso nos propicia muchos valores, ya que por ejemplo no es necesario que les pongamos nata para que sean cremosos».

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