COMAMOS BICHOS

PABLO GARCÍA-MANCHA

Confieso que nunca me he comido un mosquito pero sí un anca de rana. Soy perito en tripas, callos, embuchados, manitas, morros, chinchorras, almejas, sesos, lechecillas (lecherillas también); es más, confieso que me lo he comido todo y espero seguir haciéndolo durante muchos años a pesar de los pesares. Comer es un hecho que tiene que ver con nuestro entorno y nuestra educación. Nuestra naturaleza omnívora nos ha precipitado con los siglos a buscar hasta debajo de las piedras porque el hambre acuciaba y había que seguir adelante con la especie como manda el instinto sin que nosotros podamos ni oponernos ni hacer nada. Nuestra especie, básicamente se ha alimentado con lo que ha tenido a su alrededor y cuando no ha encontrado nada ha hecho su petate y se ha buscado la vida haya donde hubiera algo que meterse a la boca. No sé muy bien cómo llegaron los primeros seres humanos a a América, si cruzaron el estrecho de Bering o la abordaron desde Oriente en singladuras imposibles con barcos inexistentes. El caso es que llegaron y cuando decidieron quedarse en México lo hicieron entre otras cosas porque había pitanza y a veces en forma de insectos. Y claro, como es natural, y como nosotros hacemos con ostras o conejos, se los comenzaron a comer, sin pensar más allá de un segundo si culturalmente les producía alguna suerte de repugnancia. Tengo ganas de probar los los escamoles, que deben ser algo así como unas larvas frescas con aspecto de arroz inflado. Como escribe Lúa Monasterio en Apicius, su recolección es extraordinariamente compleja, ya que tras encontrar los nidos situados bajo plantas de maguey, nopaleras y árboles de pirul, los recolectores tienen que excavar a varios metros de profundidad y protegerse de los mordiscos de la hormiga 'escamolera'. O los chinicuiles, que tienen forma de larvas de color rojizo y viven dentro del maguey. Se recolectan a mano en costales de manta, uno a uno, tras desenterrar la parte subterránea de la planta. Tras su recolección son lavados, escurridos y deshidratados. A continuación, se asan en un comal a fuego suave para conservar su grasa. Se consumen, principalmente, en Oaxaca e Hidalgo (es decir, la zona del Mezquital). ¡Qué maravilla!. Muchas personas piensan que para ellos es imposible introducir en su cuerpo un bicho de estos pero sí un carabinero o una ostra, que ahora tiene aroma hasta sofisticado pero que siempre que me como una pienso en el primer tipo que pensó en comérsela. La vio, la abrió y vio esa textura viscosa y lánguida. No lo pensó, tenía tanta hambre que se la comió.

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