Los bocadillos son para el verano

Dámaso Navajas descansa a la sombra de un árbol de su jardín. / Justo Rodriguez

Tras 15 años sin vacaciones en agosto, el chef de Préjano, Dámaso Navajas, de La Posada del Laurel, superará la llegada de septiembre gracias «a ese olor a pimientos asados»

Sergio Moreno Laya
SERGIO MORENO LAYALogroño

La abuela les solía pegar una voz para que salieran de una maldita vez del agua. Era la hora de cenar, y había que llegar a la mesa a la carrera después de toda la tarde en el río. La abuela de Dámaso Navajas se entregaba con especial cariño a la elaboración de ese plato que parece haber marcado los veranos de la infancia del chef de La Posada del Laurel de Préjano. «Salíamos del río (el Cidacos), y la abuela nos tenía preparados unos huevos fritos con patatas fritas hechas en una vieja sartén de hierro que quitaban el sentido, de verdad», recuerda Dámaso Navajas, que por primera vez en quince años se tomará un par de semanas de descanso en agosto.

-Vacaciones en agosto. ¿Un lujo de burgués?

-Más bien una necesidad porque este año la temporada de comuniones ha sido muy intensa. Y es que encima nos hemos dado cuenta de que por aquí en agosto se trabaja últimamente bastante poco. Desde que el balneario de Arnedillo ha dejado de funcionar, lo cierto es que se ha producido un descenso importante de turistas. Vivimos de las empresas más que del turista.

«Saltábamos a una huerta para hacernos con una pera o un melocotón»

-¿Y qué va a hacer?

-Pues ya lo tengo hablado con un amigo. Y al menos un día vamos a hacer algo que de críos nos encantaba. Bajaremos por el Cidacos. A remojo y disfrutando del entorno. Pararse en una poza, darse un baño, y seguir con la ruta. Era algo que nos encantaba hacer de niños y que vamos a repetir muchos años después.

-¿Y tendrá huevos fritos con patatas fritas esperándole cuando acabe esta ruta hacia su infancia?

-Pues no lo sé. Era algo que hacía nuestra abuela para todos los primos. Llegábamos a su casa y todos a cenar esos huevos fritos con patatas fritas. Y era lógico porque era cuando salía la patata nueva, que es la ideal para freír y toda una delicia.

-Merienda sí que llevará para dar cuenta de ella en una sombra.

-La merienda estaba garantizada. Del río a la huerta más cercana para refrescar la boca. Una pera o un melocotón directamente del árbol. Uno de esos placeres de haberme criado en un entorno tan natural como el de Arnedo. Lo hacíamos a la carrera, para que no nos vieran. Pero era una forma fantástica de merendar algo tan sano como una fruta. Es cierto que le añadías al asunto el hecho de saber que no era tuya, y que si te pillaban pues te dirían algo. Pero es uno de los mejores recuerdos que tengo.

La «aliñada» vuelta al cole

«Era increíble. La pena que me daba tener que volver al colegio después de un largo verano», recuerda Dámaso Navajas. «Era una tristura enorme. Lo pasaba fatal». Pero no le quedaba otra que superarlo. «Había que llevarlo como se podía». Tendrá que volver al restaurante tras quince días de descanso. «Y de crío me ayudaba mucho estar en la calle, ya en septiembre y octubre y oler cómo asaban pimientos. Es cierto que ya estábamos en el cole, pero no sé, ese olor me animaba mucho».

-Una dieta de lo más sana. Hay quien apostaba, merienda tras merienda, en verano, por los bocadillos. Aquellos bocatas de chorizo, de salchichón, de chocolate, de paté...

-El bocadillo es insuperable. El bocadillo está presente durante toda nuestra vida. Y más cuando eres un 'criajo'. Te lo preparaba la abuela y con él toda la tarde hasta que el hambre apretaba y llegaba el momento de salir del agua y devorarlo. Porque de niño el agua da un hambre que no veas.

«No sé que tenía ese bocadillo de tortilla francesa con pimientos verdes»

-¿Cuál era su bocadillo favorito?

-Era... y lo sigue siendo. Tengo un bocadillo que siempre me viene a la cabeza porque es otro de esos recuerdos de mi memoria gastronómica. Es sencillo, porque nos hemos criado en un entorno muy sencillo, pero que estaba lleno de cariño. Era un bocadillo de tortilla francesa con pimientos verdes. Nada más. Muy sencillo, humilde... pero no sé qué tenía. Es algo que me encanta.

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