EL ADIÓS DE CARME RUSCALLEDA

CARLOS MARIBONA - SALSA DE CHILES

Hoy hace justo una semana saltaba la noticia. Carme Ruscalleda y su marido, Toni Balam, anunciaban en un comunicado que el próximo 27 de octubre su restaurante Sant Pau echará el cierre definitivo. Punto final a treinta años de trabajo, a tres décadas en las que en el establecimiento de Sant Pol de Mar se han escrito algunas de las mejores páginas de la historia gastronómica española. No es nada habitual que un restaurante con tres estrellas Michelin cierre de manera tan inesperada. Ya ocurrió con El Bulli de Ferrán Adriá, pero no estamos a acostumbrados a que un cocinero, cocinera en este caso, renuncie a seguir con su proyecto cuando se encuentra en la cumbre.

¿Cansancio tras casi medio siglo de trabajo? ¿Agotamiento de la creatividad? No es fácil conocer las verdaderas causas del cierre. Tal vez una combinación de las dos citadas. Con respecto a la primera, en la nota de despedida se habla de que no es una jubilación, pero también se indica que son ya 50 los años de vida laboral. Hora pues de tomárselo con más calma. Y en lo que se refiere a la creatividad, es muy probable que, como le ocurrió a Adriá, las ideas empezaran a agotarse. Es muy importante saber retirarse a tiempo, en plena gloria, y Ruscadella acierta con su decisión.

Siete estrellas

Siempre he admirado a esta mujer que se ha movido como ninguna en un mundo, el de la alta cocina, dominado por los hombres. La única española, y una de las escasas cocineras en todo el mundo, que ha alcanzado la meta de las tres estrellas Michelin. En realidad siete, porque cuenta con otras dos en su restaurante Sant Pau de Tokio y dos más en Moments, en el Mandarín Oriental de Barcelona, del que en los últimos años se ocupa su hijo Raúl.

Su poca afición a aparecer en los medios es tal vez la causa de que nunca haya gozado del reconocimiento que su cocina, y sus siete estrellas, merecen. De Carme Ruscalleda hay que elogiar muchas cosas. Su discreción, su fuerte personalidad (gran momento aquel en que renunció al absurdo premio de mejor cocinera del mundo que concede 50 Best por considerar que era una forma de discriminar a las mujeres), y por encima de todo su cocina, perfeccionista y llena de sensibilidad, consecuencia de una profunda reflexión y de una gran técnica.

Con el cierre de Sant Pau perdemos un tres estrellas pero sobre todo perdemos a una gran cocinera y nos alejamos un paso más de la igualdad en la alta cocina.

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