EL ACEITE, SIEMPRE BUENO

En la actualidad, la marca de calidad del aceite riojano cuenta con más de 800 olivicultores que cultivan en torno a 1.800 hectáreas de olivo, 14 elaboradores y más 70 marcas que se comercializan en países de todo el mundo. Y si por algo se caracteriza es por la elevada calidad de su producción, un hecho que revierte en el consumidor de forma directa. Es sencillo de comprender: a un mejor aceite de oliva mayores son sus cualidades organolépticas y mejores sus componentes saludables.

El virgen extra se sitúa en lo más alto del escalafón. Se extrae de la aceituna y sólo mediante procedimientos mecánicos. El resultado es un zumo de la aceituna sin defecto alguno, con un aroma y sabor genuinos y las cualidades sensoriales de la aceituna fresca. Para que un aceite sea calificado como virgen extra, el grado de acidez no debe ser mayor de 0,8º.

A continuación se sitúa el aceite de oliva virgen, sin extra. Al igual que el virgen extra se extrae de la aceituna y sólo mediante procedimiento mecánicos. Cuando se produce una pérdida de calidad, debido a que la aceituna que no se encuentra en las mejores condiciones o por un fallo en el proceso de elaboración, el aceite de oliva extraído es virgen. Se trata de un aceite que presenta algún pequeño defecto en cata y cuyo grado de acidez no supera los 2º.

En tercer y cuarto lugar están el aceite de oliva virgen lampante y el aceite de oliva refinado. Cuando el aceite de oliva virgen lampante se somete a un proceso de refinamiento a través de procedimientos físicos y químicos se eliminan todos los componentes no deseados. El líquido resultante es un aceite casi desprovisto de sabor, olor y color, denominado aceite de oliva refinado.

El aceite de oliva se sitúa en el quinto escalón. Es la mezcla de aceite de oliva refinado y un pequeño porcentaje de aceite de oliva virgen. Dentro de esta categoría se encuentran dos tipos de aceite: de acidez 0,4 grados, 'de sabor suave'; y el aceite de oliva de 1 grado.

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